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Campo de Batalla (i)

Allí me hallaba yo, delante de uno de tantos sacos de arena que protegían nuestras cabezas de una muerte segura. Entre tanto, las bombas de sucedían entre las trincheras, las balas sonaban como cuchillas tratando de perforar nuestras líneas y algunos camicaces trataban de desertar para reencontrarse con sus familias en la paz fuera de la guerra. Pero claro, los alemanes avanzaban y nosotros no podíamos permitirlo. Su avance era incesante y nosotros, con cada vez menos potencia, no podíamos hacer más que resistir y, cada cierto tiempo, retrasar nuestra línea de defensa. Por suerte, la comida no escaseaba, no tanto como las medicinas al menos.
¿Dormir? ¿De verdad te lo preguntas? Era imposible, pues los gritos de dolor de nuestros heridos penetraban en nuestras cabezas de tal manera que se hacían nuestros.
Si, bajo esas inhumanas medidas, se desarrollaba lo que se conocía como la Primera Guerra Mundial. Increíble, ¿verdad?
Ninguno éramos capaces de entender tal conflicto, solo sabíamos que los alemanes avanzaban y que nosotros no debíamos permitírselo.
Eso puedo contar hasta ahora, mas el papel es limitado y debemos guardar todo el posible para futuras emergencias.
20 de julio de 2018

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