"hasta Nunca, Capullo"

Menos de un instante tardé en reconocer su letra. Su letra rápida. Rabiosa. Enfadada. Después de semanas de separación, de enfado, de no verse, de no hablarse. Desdoblé el folio con el pulso tembloroso. Comencé a leer con dudas, para luego acabar engullendo las palabras, una tras otra:

"Siempre, toda mi vida, me han considerado un puñetero capullo. Siempre. "Capullo". Esa palabra es mi fama, todo lo que yo conocía, todo lo que me definía. Y me daba igual. ¡Si me gustaba! Y era feliz. Sin amor, sin ataduras, sin reglas. Libre y feliz. Y poco me importaba lo que pensarán todas las niñatas de la ciudad.

Todo eso cambió un día de diciembre. Ese día te conocí. Y yo que sé. El amor es así. Te tumba de un golpe y no avisa. Y es curioso eso de que un día cualquiera sales de tu casa y no te puedes ni imaginar lo que va a cambiar tu vida antes de volver a entrar. Tu risa retumbó un buen rato en mi cabeza. Eras tú. Esa persona que todo el mundo busca para sí mismo. Ese amor.

"Esas cosas pasan" Insistía la gente. "A mí no" opinaba yo en silencio. Y ya te conoces toda la historia. Ya sabes lo de las tardes enteras contigo o con tu recuerdo, lo de la playa que nos vio querernos tanto, lo de tus besos adictivos, o tu colonia suave o lo de mis ganas de ti todo el tiempo. Sabes que me destrozaba verte llorar, que tu aparición me transformó, que tus ganas de vivir me las daban a mí y que si tú no llegas a estar aquella vez que me di de goles contra la pared no imagino lo que hubiese llegad a pasar, que durante ese tiempo en el que te tuve mi forma de vida fue distinta. Ya sabes que te quise hasta que me dolió, y muchísimo más. (Y QUE TE SIGO QUERIENDO DEMASIADO)

Lo que sí puedo decirte, asegurarte casi un año después, es que estaba mejor siendo un capullo que sufriendo por ti, ¿Entiendes? Antes la gente sufría por mí. Antes era yo el que dejaba a gente sufriendo en el camino y no le daba importancia. Y creo que el puto karma ese me las devuelve todas en una."

"hasta nunca, capullo" susurré, para mí misma, mientras partía el folio que contenía una parte de mi vida en varios pedazos arrugados. "Va por ellas" pensé en voz alta "Por todas las que se quedaron tiradas por el camino, por todas a las que hundiste" Tiré la carta a la papelera y luego suspiré. El muy capullo. "Tocado y hundido, hijo de puta"

¿Qué si estuve enamorada de él?

Me cuesta admitir que sí, y mucho. Como la que más. Pero nada es para siempre, y los finales a veces son lo mejor.

Y le dirigí una silenciosa mirada a la papelera.

O tal vez, este final no es el adecuado.

09 / noviembre / 2013

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