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Dogmas

Me da el lenguaje para definir y detallar cualquier ortodoxia dogmática que tenga yo por ocurrencia, por más impía, por más absurda, por más perversa, y predicarla luego si me place, y esparcirla como un cáncer malicioso por las venas de ignorancia que alimentan mi preciosa época. Fervientemente, por ejemplo, puedo estipular que los martes y los miércoles son para vestir de traje color carmín a rayas negras y entregarse al prójimo en carnal concupiscencia, que los viernes no son sino para darle gusto al tacto de los labios y los dedos anulares. Puedo calificar de repugnante el acto de dar un abrazo deshonesto, de impúdica la idea de dar un beso sin usar la lengua, de pecaminoso abandonar en entera sobriedad cualquier tertulia en que exista una buena mesa que aguante el peso completo de un hombre o de dos mujeres y media. Puedo, si me viene a bien hacerlo, declarar que está prohibido terminantemente olvidarme, so pena de vivir el anatema de perderme para siempre, o sencillamente que aceptar la pesadumbre por hábito o dedicarse al tedio y a la rutina es atentar contra mi voluntad divina. Si bien así me parece, puedo emitir un sagrado manifiesto que enumere los tributos y ocasiones de descanso que habrán de ofrecérseme a fin de reservar la entrada al paraíso, y el paraíso será un lugar oscuro, y un frío bastión de la tristeza, si bien así me parece.

En lugar de eso, a mí me place condenar el miedo. Condenar el pecado, el dogma y el temor a la condena misma. Proclamar muerte al cobarde, al que supone una amenaza en cada esquina, al que mira mal cada puñal, al que guarda en silencio la falsa conjetura, el egoísmo, por temor de aparentar malicia o alienar a los amigos. Muerte al necio que se esmera en sentir celo, envidia, la ilusoria percepción de posesión de lo que es libre. Muerte al miedo mismo que congela, diluye la paz y abrevia las dos revoluciones: las populares y las íntimas. Yo prefiero predicar que, por lo general, daña más el temor que lo temido: No temerás. No temerás ni la muerte. No temerás el castigo. No temerás la soledad. No temerás la tristeza. No, tampoco temerás el olvido.
Abrahamsaucedocepeda04 de febrero de 2013
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dogma pecado temor

3 Comentarios

  • Matias

    es cierto que te da el lenguaje
    tambien es de lo mas interesante de la portada.saludos

    04/02/13 09:02

  • Abrahamsaucedocepeda

    Gracias Matias, halagado.

    04/02/13 10:02

  • Mejorana

    Me voy a vivir contigo Abrahan.
    Me lo estás planteando demasiado hermoso como para perderme la ocasión.
    Ah, y quiero que me des un abrazo deshonesto y carnal.
    Te espero al amanecer.

    11/02/13 04:02

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