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Camino Salvaje (viajando de Ride En México)

Cansado llegué a casa un martes por la noche, me recosté y voltee a ver la caja de zapatos en donde guardo cosas que me gusta ver para relajarme. Al abrirla me di cuenta que Alfredo (el pizzero de donde trabajaba) meses atrás me había dicho: ten, Abraham, mírala cuando ya no sepas ni en qué crees, ni quien es tu familia, antes de colgar tu armadura o justo antes de marcarle a tu ex-novia, y se sonrió con mucho temple.

Cojo mi celular y veo que era el cumpleaños de Genaro (quien años atrás había fallecido), una tipa diciéndome que tengamos un hijo, y pensé que era el momento indicado para ver la película, tendí mis colchas, apagué el foco y me dispuse a verla.

La primera vez que salí de raid fue más o menos después de cumplir 15 años. Estaba con mi hermano en la carretera, íbamos rumbo a Saltillo a una tokada y a visitar a algunos amigos. Después de algunos minutos de sol se para un tráiler y rápidamente corremos…

- ¿Pa’ dónde van?
- Buenas, señor! Vamos aquí a Saltillo solamente
- ¿Traen mota?
- No, señor, no nos drogamos
- ¡Entonces no, hay quédense!

…La segunda decepción de pedir raid, la primera era pedir raid. Finalmente llegamos a Saltillo a casa de los hermanos: Pamela, Brenda y Pared, lo primero que pensé al llegar fue que Pamela estaba bien chida, pero después me dije !Chingado! soy el más morro, estos putos de seguro le van a tirar rollo más chido. Había dejado a mi novia en Monterrey y la morra de allá ameritaba convertirme en un patán, aunque pensándolo bien la morra era más grande que yo, no sé a qué le tiraba. Hace no mucho me dio un gran gusto volver a Pamela, visitó el departamento donde vivía, bailamos y tomamos cerveza como si se fuese a terminar el mundo, como en los viejos tiempos.

“La última vez que vine, el Chule me llevó a un teibol. Pinche bizarro” me dice, Pamela, y me carcajee. Ya me reía por todo, talvez por la compañía o por algún efecto secundario de la cerveza.

Al terminar de ver la película - ya en la madrugada- comencé a empacar mis cosas…

Antes de llegar al entronque de la carretera paré en un Oxxo a desayunar algo, aun no amanecía y el camino iba a ser largo, aunque, no sabía muy bien hacia donde me dirigía. Terminé mis galletas y suena mi celular, era mi mamá, la indecisión de atender o no el teléfono había llegado…

Ya con el sol haciendo su trabajo me encuentro pidiendo aventón, se para una camioneta y le corro...

- ¿A dónde vas chavo?
- ¿A dónde va usted?
- A Zacatecas ¿te vas o te quedas?
- !Vámonos¡


Don Alán durante todo el camino solo hablaba de que tenía un chingo de sueño, pero no podía tomar bebidas energéticas por la cafeína y la taurina y yo con cara de: ya cállese el hocico.

- Vamos a echar botana para que se aliviane –le digo-
- Simón. Unas pinches cheves, apenas.

Paramos en una fonda, yo me chingue unos chilaquiles y una caguama Indio, el señor solo dos tacos y otra caguama de la misma marca. Me dice: voy al Oxxo, adelántate, y me da las llaves de la camioneta, por un momento pensé en parecer actor de película y robarme la troca, pero recordé que no se manejar. Tiempo despues veo que se toma una patilla que me había dicho la compró para quitar el sueño, por mera curiosidad agarro la envoltura y la leo… !Tranquilo, Don, éstas madres lo van a matar¡ Le grito justo antes de que se tragara la pinche taurina. Quien sabe que hubiera pasado al verlo en pleno infarto, hubiera sido lo más chido del viaje hasta ese momento. Como cuando en un raid con el Alex nos levantó un vaquero joto, yo iba atrás entre riéndome y nervioso, mientras nos contaba anécdotas gays, jajaja¡ Esa sí estuvo divertida. Después se puso aún mejor, porque nos dejó en plena feria de San Marcos.

En ese raid con el Alex, nunca, pero nunca había sentido lo que es estártela pelando por hambre así cabrón fuera de casa. Al día siguiente –terminada la feria- nos esperaba un largo recorrido a casa, Kata muy buen pedo nos prepara unas tortas de huevo con pico de gallo para el camino, y después de una larga despedida con él y su familia, emprendemos hacia la carretera. Pasadas dos o tres horas, nos levanta un trailero, el sol estaba de poca madre, deshidratación al por mayor. Durante el viaje el señor muy amable nos ofrece ir a comer a una fonda, le dijimos que no porque traíamos nuestras tortas, se baja el señor y nuestras caras de algarabía total de saber que ya íbamos a comer se hicieron notar, para sorpresa nuestra las tortas ya se habían echado a perder. Puta madre! Y yo con un vergo de hambre –dice Alex- y yo con la cara de resignación.

Antes de llegar a Zacatecas me dice el señor que su destino es en un pueblo que está a diez minutos antes de la cuidad, y me ofrece llegar ahí para tomarnos unas caguamas. Obviamente acepté. Llegando al mentado pueblo me doy cuenta de que solo había tres casas y una de ellas era un depósito de cerveza ¡Qué maravilla! El señor te atendía bien enojado, casi no cruzaba palabra, esto era un paraíso para mí.

Por fin llegué a Zacatecas, me sentía un ser rural más. Pinche temperatura estaba bien baja, fui a tomarme un té para alivianarme, cada vez más parecía hippie…esto se estaba poniendo feo. Encontré un hostal y enseguida me bañé porque ya olía a punk del D.F., recorrí la ciudad en menos de lo que me bañé. Lo mejor de ese lugar fue escuchar orquestas en el centro y después llegar a la terraza del hostal con gente de diferentes lados y cerveza, una gran combinación. Días después cogí mis cosas y me largué… varias horas de sol pidiendo raid me esperaban, los militares clavándome su mirada y mi respuesta con gestos de asco, todo para después pasar por Aguascalientes y emborracharme los siguientes días con viejos amigos.

Mientras caminaba por las calles del centro de Aguascalientes con Kata y con Daya paramos para ver a la Sonora Santanera, pinches rucos bailaban con madre, de hecho enfrente de mi estaba el típico maistrin borracho que baila todo loco, el que siempre la anda cagando, para que me entiendan.

Finalmente agarré mi último raid, esta vez rumbo a Guadalajara, a las tan llenas de antros gays y consignas sobre los 43 normalistas calles de Guadalajara.

Ya era noche, saqué algunos pesos que traía en el pantalón y le marqué a Cheve (mi yonki favorito). Al día siguiente, ya instalado, descansando, me veo en el espejo y pareciera que había salido de mi casa hace años, con el pelo largo, el rostro quemado por el sol, largas uñas y un montón de historias que se reflejaban en mi cara…y decidí bañarme, puesto que, parte de la aventura era ver a mi sobrina que se encontraba ahí mismo. Llevaba años de no verla, quería estar lo más presentable. Lo mejor del viaje fue tener que llevarla a la escuela, pasar por ella, caminar por la calle del dado y salir a pasear mientras llegaba mi cuñada…Ah! Y ver el clásico regio con una caguama Victoria, como actúan los verdaderos hombres.

La verdad extraño tanto ir por tejuino, sentarme a platicar con ella sobre su perra “laica” ahí en el Centro Histórico, que me diga que quiere que le haga un metalonche como los que venden acá en monterrey, y todas esas cosas que me recuerdan a ella. No hay nada como platicar con un niño, no hay plática más pura y donde puedas aprender millones de cosas; los adultos somos estúpidos.

Un día, llegando de ver a mi sobrina, recostado y solo en la casa que me había prestado Cheve abrí mi caja de zapatos y me di cuenta que era momento de volver. Toda esa travesía solo para poder tomar pastillas de noche.

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20 de febrero de 2016

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