TusTextos.com

Solamente Estoy Muriendo

-No es nada, únicamente estoy muriendo, siento mis piernas y mis brazos entumecidos, fríos como si estuviesen sumergidos en hielo y mi vista se nubla por momentos. También noto que mi respiración a veces pareciera detenerse, pero de pronto recuerdo que debo hacerlo y lo hago a duras penas, porque con los bronquios destrozados, pareciera que respiro fuego del infierno.
-No soltaré tu mano.
-Veo sombras que se acercan de alrededor y tratan de tocarme, extienden lo que entiendo como sus brazos y casi rozan mi pecho, no llegan a tocarme, pero sus manos quedan tan cerca que logro sentir un gélido efluvio o vapor que se desprende de ellas.
-No te preocupes por ellas, no pueden tocarte, no se los permitiré.
-¿De qué me estoy temiendo? Amo su toque frío, su mirada vacía, sus labios calados en la savia del dolor...
-Siento como tu voz, aún desahuciada, amanece a una nueva reflexión; siempre pensaste que la oscuridad era la musa perfecta, la droga genuina que generaba las mejores prosas, el mejor verso, ¡la rabia, el dolor intenso en el alma, la tristeza más profunda y desgarradora!... Caramelos para tu imaginación.
-Tu inocencia me sigue cautivando..., yo sigo enamorado de ti, aunque a veces parezca que soy feliz, no, te hago el amor todo el tiempo en mis pensamientos.
-¿Entonces por qué te esfuerzas por respirar?
-Solamente estoy muriendo, arrastrándome entre el polvo y tu presencia con ese olor ferroso de la sangre. ¿Por qué me esfuerzo en respirar? Si estoy muriendo por tocar tu piel y soñar por siempre ahí, escondido en tu regazo. ¿Por qué me esfuerzo en respirar si sólo estoy muriendo por alcanzarte?

¿Cuervos?, hórridas criaturas semejantes a la ceniza, nublan en bandada el cielo a lo largo y a lo ancho, de principio a fin la cúpula natural de El Cementerio de Colores. A la entrada de éste aún se posan la estatua de una fina dama y su eterno pretendiente, él con el rostro carcomido por las lágrimas, ella con sus manos agrietadas, cársticas, extendidas y aguardando ser alcanzadas por él; separados por el espacio de la entrada con arco de piedra, siempre franco, siempre con la promesa de un ocaso perpetuo más allá del muro del sueño.
Abyssos22 de septiembre de 2019
Archivado en:
muerte prosa relato amor

Más de Abyssos