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Ansiedad Vital

Siento una ansiedad continua
dentro de mi necio mecanismo,
es como si mi interior
siempre estuviese listo
para estallar
y,a su vez,
siempre hubiese algo
que lo bloquea.

Estoy tan acostumbrado
a este usual
e incómodo hecho
que apenas
doy cuenta de ello.

Aflora a veces
cuando las pequeñas
minucias de la vida
me joden la existencia:
el mechero que no enciende,
la quemadura del cojín,
la mancha en la camiseta
recién puesta,recién lavada,
el auricular que no funciona,
el rollo de papel higiénico
acabado en el momento
menos oportuno...

Gilipolleces en suma eficaces
contra una estabilidad
que se sostiene
sobre puntales oxidados.

Entonces brota de mí
un flash violento,
un rayo quebrando un árbol,
una mina pisada por un idiota,
un cohete despegando,
un cuchillo sesgando la tolerancia...
al segundo la furia
se ha esfumado
y sólo queda mi cara estúpida
contemplando todo lo que he roto,
de un modo u otro.

A veces también me asedia
en plena calle,
en los bares por ejemplo
(preapocalipsis),
en días de muchedumbre
en desfile sinfín de abundancia,
siento la ansiedad del camarero
con su trasiego automático,
obligado y constante,
su cortesía llevada al límite,
su agotamiento físico y mental,
y de los que esperan su turno
con miradas furtivas de urgencia,
y de las quejas pedantes
del burguesito medio
que solo protesta
por insulsas sandeces...

Toda esa estridencia,
toda esa prisa,
toda esa multitud
de estallidos incoherentes,
me dan ganas
de convertirme en vapor,
ascender al cielo
y precipitarme
en mitad del océano,
en el punto más lejano
a cualquier ser
que pise tierra...
por suerte
a la sexta cerveza
se me pasa.

No es esa ansiedad
de tirarse al suelo
creyendo morir,
ni esa de respirar
en una bolsa de papel
buscando una calma rápida
para los sentidos.
No es tan simple.
es una ansiedad más interna,
más vital,
más corrosiva.

Se produce dentro de mí
una cascada
de pensamientos inseguros,
un odio progresivo,
una negatividad parasitaria,
incluso,
un distanciamiento irreal
de la propia persona.

A veces brilla
como una estrella
que vive dentro
de una solitaria cueva,
a veces sólo es
una luciérnaga
en una noche infinita
que no me pertenece.

También escribiendo
siento esta ansiedad,
con matices distintos,
más insatisfactorios,
pues no sé qué valor
darle a este acto
y si me es útil
o realmente dañino.

Un acto que me desnuda a medias,
un acto que me lanza al vacío
fuera de la celda de mis huesos,
un acto que me "expone"
llevando el ridículo al éxtasis...

Un acto que al poco
ya estará muerto,
un escrito que,
como todos los demás,
es un aborto,
un escrito que ya nació muerto...

Pero sigo haciéndolo
de modo delirante,
irreversible,
casi patético,
quizás porque para mí
la paz sea
un flujo constante
de desesperanza,
una locura ciega,
sin remedio,
sin cura,
rebosante de ansiedad,
una debacle intrínseca
de todo lo que me forma.
Adrian15 de mayo de 2020
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4 Comentarios

  • Patroclo

    Adrian,
    buena radiografía de un mal que nos aqueja a muchos. Nos autoexplotamos para sobreoptimizar el tiempo.

    Sacamos brillo a nuestros propios látigos para no dejar que pase ningún segundo de vida sin rendir al máximo. ¿Es perfección lo que buscamos?

    Gastamos prisa por encima de nuestras posibilidades y no toleramos el más mínimo contratiempo.
    Me ha gustado. Un saludo

    16/05/20 05:05

  • Oliviaferrer

    Muy buen texto. Me ha gustado mucho.

    Saludos!

    16/05/20 02:05

  • Remi

    ¡Qué intensidad desbordante! me ha gustado mucho, casi como un delirio desahogado en palabras.
    Cuando estoy en ese estado, o parecido, casi siempre es por algo que no está bien y debo cambiar. Pensar me ayuda a saber que me pasa porque muchas veces no soy consciente, tan solo por las entrañas contraídas.
    Un abrazo Adrian.

    17/05/20 11:05

  • Adrian

    Muchas gracias por vuestro tiempo y comentarios. Un abrazo a todos.

    19/05/20 02:05

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