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Siempre Puede Ser Peor

A la salida del supermercado un pobre toxicómano se ganaba unas monedas a cambio de devolver el carrito de la compra desde el exterior, donde la gente descarga los artículos en sus vehículos, hasta el interior del establecimiento de nuevo, a cambio de quedarse la moneda que desbloqueaba dicho carrito. Esta era una forma honesta de pedir sin pedir, una manera de obtener un premio a cambio de un favor, una forma de mantener cierta dignidad.

Recuerdo su disposición a ayudarme a bajar las bolsas, su trato excesivamente cortés, su voluntad de agradar, su nerviosismo. Recuerdo pensar en que, si no fuese por la droga, ese tipo podría ser el mejor trabajador de aquel antro. Recuerdo como decía que el dinero era para comer, que con lo de mi carro, y lo que le diesen unas señoras mayores a las que esperaba, ya tenía para comprar un pollo (refiriéndose a comida, claro). Busqué en el bolsillo y le di algunos céntimos más, para mí, en mi estrato de pobreza, por suerte sin importancia, para él, en su absoluta miseria, un pequeño tesoro. Recuerdo el dedo tembloroso recontando las monedas y como, tras finalizar su tarea, se marchó con rapidez y vitalidad, subiendo la empinada cuesta como si fuese un niño al que se le ha escapado su mascota,mascota que es un caballo apocalíptico desbocado,eso sí, no sin antes dar las gracias con innecesaria efusividad y sinceridad plena.

Sé perfectamente que aquel tipo no cenó aquella noche, como tantas otras. La vida es jodida para todos y en su desgracia lo único que le proboca felicidad destruye su verdadera esencia a partes iguales, es un veneno corrosivo que lo sostiene de puntillas sobre el desequilibrio de la vida.

He recordado esto porque hace cosa de un mes realizaron una gran reforma en el supermercado: estantes nuevos, iluminación nueva, cajas nuevas, losas pulcras bien pulimentadas, algunos empleados nuevos, carritos nuevos,etc. Estos carros ya no necesitan monedas... Lo pienso mientras lo empujo pesado lleno de comida y algunos caprichos extras, lo pienso y recuerdo a mi amigo desdentado, su intercambio de favores, el fervor de sus venas, su "empleo" destruido.

Un cambio sin significancia para la mayoría puede crear una debacle en otros sin que absolutamente nadie se percate de ello. La vida es una queja continua que sólo tiene oídos para quien disfruta de algunos privilegios cotidianos. No me reconforta en absoluto este pesimismo, saber que siempre se puede ir a peor, saber que siempre es posible hundirse un poco más, sospechar que debajo de cada infierno siempre tiene cabida otro infierno aún más horrendo que el anterior...
Adrian21 de noviembre de 2020

2 Comentarios

  • Regina

    TOtalmente de acuerdo contigo Adrian, siempre se puede caer a un infierno aún más abajo.
    Cordial saludo.

    21/11/20 09:11

  • Adrian

    Gracias por tu tiempo, Regina. Un saludo.

    22/11/20 12:11

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