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La Estación

Los lugares cambian con nosotros. Esa estación es como un cementerio de recuerdos, de carteles que chirrían en un tiempo actual que es déspota con todo aquello que encierran los objetos: las miradas que un día absorbieron, de un niño que contemplaba todo aquello con sorpresa, desde las privilegiadas pupilas de aquel que tiene aún todo por descubrir. Pasos que se enredan, que se ignoran, maletas que guardan con recelo todo aquello que merece viajar con nosotros, formar parte de nuestra imagen atemporal. El olor a café, los relojes situados en lo alto, ejerciendo un peso invisible que nos lleva en una dirección u otra, como esclavos resignados que un día aceptaron este vaivén de cifras, de agujas, de alientos y desalientos, de cálidas bienvenidas y punzantes despedidas; de horas que son dignas, ordenadas, respetables y de otras que son caóticas, incompletas, oscuras, que escapan a su propia naturaleza matemática. Esas que un niño no vive, porque no las percibe, porque respira sin aprietos, sin normas grabadas con errores en la piel. Aquella estación que hoy vive de horarios, y por la que yo caminaba frenéticamente, en algún momento no fue tiempo, fue un simple lugar que llevaba a miles más y que, por un momento, había logrado el milagro de transportarme a ese que es un viaje en sí mismo, pero sólo de ida.
Adrielegance27 de noviembre de 2015

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2 Comentarios

  • Superandoloimposible

    Asombroso. Has congelado el tiempo de una manera impresionante. Mis felicitaciones, me ha encantado.

    Un beso.

    28/11/15 02:11

  • Adrielegance

    ¡¡Muchas gracias!! Creo que es algo que todos sentimos algunas vez. Un saludo!!

    29/11/15 12:11

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