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La Quinta Dimensión

Se sentó junto a mí y se apoyó fatigado sobre la barra del bar. Pidió whisky, y no sé por qué lo hizo, si lo más fuerte que le había visto beber hasta ahora era agua embotellada. Pese a ello, no dudó en consumir el contenido del vaso de un trago. Mala idea. Casi vomita allí mismo ante la estupefacción de los presentes. Sin embargo, aguantó la embestida del alcohol, tomó aire y comenzó a relatarme la historia, según él, más grande jamás contada.
El salto al hiperespacio, así es como había decidido bautizar su travesía por una relación amorosa, que, en cuestión de semanas, se consolidaría con un sí, quiero.
Su relato estaba lleno de clichés absurdos sobre el amor. Palabras huecas, escapadas a París y besos bajo el cielo en llamas de Madrid& todo muy edulcorado. Parecía más próximo al telefilm que uno puede devorar en una tarde resacosa de domingo que al amor que realmente se vive cuando decides bajar al barro y alejarte de los tópicos.
Mientras él seguía narrándome su épica historia y se apoyaba en fotos de su cuenta de Instagram para reforzarla, yo me ausenté de aquel bar, fruto del aburrimiento. Mi mente despegó directa a las estrellas, más allá de la atmósfera, a una posición cercana a la del título de la historia de la que estaba siendo testigo.
Y, cayendo en recuerdos propios, me di cuenta de que este necio que tenía frente a mí no lo era tanto. Tenía razón con lo del salto al hiperespacio, pese a todo lo demás, aquella frase no podría haber sido más certera. Qué mejor manera de describir algo tan gigantesco y expansible como los sentimientos que con la magnitud del universo y lo desconocido:
Un viaje interestelar.
El miedo antes del despegue.
La saliva que se acumula y las palabras que no salen.
Las turbulencias que amenazan con hacerlo todo añicos.
El pánico a que no haya vuelta atrás, a que nada vuelva a ser lo mismo.
La adrenalina de conocer nuevos planetas, la fe en encontrar algo mejor que la Tierra.
El vértigo de alcanzar la velocidad de la luz.
Y, finalmente, el increíble hecho de haber alcanzado una nueva dimensión. De haber hallado algo que jamás pensaríamos que podría existir. Con mil formas, sin moldes, fuera de todo límite humano. De las escapadas a París al infinito.
Solo quienes lo han vivido ya son capaces de afirmar con la cabeza y no frotarse los ojos.
Así que sí, yo también lo había visto. Había estado allí.
Tienes razón, dije de forma repentina al regresar a la barra del bar. Pero allí ya solo quedaba yo.
AdrielegancePublicado el 26 de diciembre de 2018
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