Lobos

Desterramos lo que quedaba a nuestra espalda y tomamos el camino recto. Destino al horizonte crepuscular, donde se pone el sol y la luna comienza a maquillarse. Recorrimos mil carreteras, millones de kilómetros en tus labios y en los míos, mordiendo con ímpetu y afilando los colmillos. Nuestro hogar era el trayecto y sus ventanas daban a cientos de palabras que iban hilvanando este relato que es solo tuyo y mío, nuestro.
Dónde estábamos, qué queríamos. Nos daba igual, hay preguntas que te asaltan por lógica, pero nosotros nos componíamos de impulsos, éramos todo vísceras, como dos depredadores que están a punto de atacar, con el aliento agitado y el corazón candente.
Y nuestros latidos se desbordaban cada vez que el coche rugía y esa canción de la radio llegaba al estribillo.
Y, a ojos ajenos, parecíamos dos chiflados con rumbo a ninguna parte, y, seguramente, fuera una descripción acertada. Nuestro destino no estaba cerca porque siempre era el punto más lejano que vislumbrábamos.
Éramos dos lobos alejados de la manada, obligados a cazar lejos del gentío y de las huellas de otros. Las respuestas nos sobraban, no las queríamos. No queríamos ser una certeza. Así que aullamos una noche tras otra, un día tras otro. Vibrando. Viviendo. Con la convicción de que, mientras no frenáramos, ya habíamos ganado.

23 / enero / 2017

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2 Comentarios

  • Polaris

    Como siempre, la elegancia personificada.


    Pol.

    24/01/17 07:01

  • Adrielegance

    Y tú, como siempre, Pol viendo lo bueno en mis textos.

    Gracias, amigo. Un saludo!!

    24/01/17 09:01

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