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Pesadillas

Cerré los ojos y miré hacia adentro. Me visité en la cima de mi ser, entre las miles de ramificaciones y neuronas que tejían mi forma de pensar, de ver, de sentir. Me cité allí con la conciencia y nos miramos a la cara tras mucho tiempo sin hacerlo. Había miedos, había dudas y una espalda con cicatrices incontables provocadas por una mano torpe y cruel a la vez. Errores que no quisieron serlo, que nacieron como aciertos y un mal uso de la razón o de la palabra les condenaron a ser negligentes. Uno puede llegar a ser despiadado consigo mismo, serle infiel a su pasado, defraudar al niño que te mira desde la esquina de tu habitación, esperando que su versión adulta sea una evolución y no un cúmulo de tropiezos. Hay noches que es mejor guardar bajo llave, latidos inconfesables e inoportunos que te golpean con la mirada inadecuada en frente de ti. Hay ojos que escapan a las miradas, que se vuelven fríos, invulnerables, fantasmas impávidos, espectadores hieráticos. Hay labios que no debieron ser mordidos, pieles que jamás tuvieron que rozarse. Hay errores que nunca debieron serlo. Besos que son venganza. Hay versiones de uno mismo en las que no reconocerse, monstruos de una noche, pesadillas de las que somos inesperados protagonistas.

Adrielegance26 de septiembre de 2016

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