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Volver

Escapaste dejando en mí recuerdos demasiado alejados de la certeza que suponía tu piel. Te esfumaste como lo hace el verano cuando agosto comienza a envejecer y el sol se vuelve perezoso. Y es entonces cuando busqué el estímulo en noches frágiles, donde el alcohol siempre ganaba a la cordura y cualquier calle parecía resbaladiza para unos sentimientos que murieron siendo niños.
Y cuando los caminos parecen distanciarse es cuando irrumpen los puentes. Cuando las tormentas rugen y los teléfonos cantan. Las neuronas florecen a cámara rápida y el corazón quiere salirse del pecho. Porque si hay algo más reconfortante que el encuentro es el reencuentro tras la pérdida. Ganar lo perdido. Recuperar lo que parecía irrecuperable. Verte dormir cerca y sentir que tus sueños comienzan a tomar forma sobre nosotros. Que tus suspiros son de alivio y tranquilidad, y tu respiración no se agita si no es para devorarnos.
Y me asomo al balcón y a todos esos lugares que eran tristeza. Y hoy son una vigorosa demostración de que el amor es un tablero asimétrico, donde las piezas avanzan de forma distinta según quien las mueva y el resultado puede ser bueno y malo a la vez. El ejemplo más evidente de que la vida se condensa en segundos, en decisiones, en nuestra capacidad para gritar o guardar silencio. Para lanzarnos al abismo o darnos la vuelta con los dientes apretados y el pecho congestionado. Con el orgullo vitaminado y los latidos implorando otra dosis del mayor vicio jamás creado.
Yo ya elegí. Y siento que vuelo, no que caigo.
AdrielegancePublicado el 13 de agosto de 2018
Archivado en amor dualidad sentimientos perdida reencuentro

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2 Comentarios

  • Remi

    Me ha encantado, saludos.

    09/09/18 11:09

  • Adrielegance

    Muchas gracias, Remi :) Perdón por la tardanza en contestar, mucho tiempo sin pasar por aquí.

    04/12/18 10:12

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