El Foco Rojo.



—Has elegido el peor momento para hacer algo así.— la voz de Renzo sonaba molesta.

En un oscuro sótano, a la luz de un débil foco color rojo un hombre estaba sentado, atado a una silla y amordazado, acaba de despertar luego de haber recibido un duro golpe en la cabeza. —Me alegro mucho porque despertaste, empecé a temer lo peor, creí que nos íbamos a perder la diversión...— Renzo abrió una botella de tequila, se sirvió un poco y lo bebió puro, el sujeto atado a la silla sólo lo miraba sin entender la situación. —Sé que esto no está resultando como lo esperabas, amigo... ¿Cómo te llamas?— el hombre atado hizo ruidos sin poder emitir palabra, Renzo sonrió y le quitó la mordaza de la boca —Ahora sí, dime ¿Cómo te llamas?—

—¿Qué suce...— Renzo interrumpió al sujeto pegándole un tremendo puñetazo directo en la ceja, haciéndole una abertura y provocándole una hemorragia.

—Te hice una pregunta, amigo... responde ahora, ¿Cómo... te llamas?— una escabrosa risa acompañaba las palabras de Renzo.

—Vi...Vicente— respondió.

—Muy bien... muy bien... ya nos estamos entendiendo Vicente— Renzo se sirvió otro trago de tequila —Déjame platicarte una historia... ¿la quieres escuchar?— preguntó amenazante al mismo tiempo que sacaba una navaja de su bolsillo.

—Por favor, suéltame, te juro que...— Vicente no pudo terminar su frase, pues el dolor que sintió en la pierna fue insoportable, Renzo le había clavado la navaja en el muslo.

—Responde, Vicente... ¿Quieres escuchar mi historia?—

—S... si, si.— las lágrimas y el sudor empezaban a correr en el rostro del secuestrado.

—Muy bien...— la risa macabra de Renzo inundó el sótano entero — Fíjate, Vicente, que hoy no ha sido precisamente el mejor día de mi vida ¿Sabes? Se suponía que hoy concluiría un proyecto muy importante y por el cual ya he recibido la mitad de la paga, lo cual realmente me hace sentir demasiado presionado — Constantemente, Renzo se servía más tequila y los pasaba de un sólo trago —Tú no lo sabes, pero fueron varias semanas de observación, de análisis, de planeación y de logística, pasé varias horas al día estudiando todos los detalles de mi objetivo, quizá la conozcas... se llama Melisa Valtierra, ¿La conoces... Vicente?—

Vicente seguía intentando soportar el dolor y, ahogando el llanto respondió —No, señor... no la...— de nueva cuenta no pudo terminar de hablar pues Renzo le dio otra bofetada en el rostro.

—Mi nombre no es "señor", mi nombre es... espera, que descortesía la mía, no te había dicho mi nombre ¿verdad?— Vicente movió la cabeza en señal de negación —¡Ups! Lo siento mucho, mi nombre es Renzo, pero la mayoría de la gente me conoce como... bueno, llámame Renzo— la risa maquiavélica del psicópata asustaba demasiado al hombre atado, se acercó a él, lo tomó de la nuca y le plantó un rodillazo justo en la boca del estómago, después le dijo al oído —Te dije... que me llamaras... Renzo.—

Sin aire para poder hablar, Vicente balbuceo —Renzo...—

—Bien, dices que no conoces a la señorita Valtierra, ella era mi objetivo ¿Sabes?— Renzo se acercó a un mueble y abrió algunos cajones —Todo estaba perfectamente planeado, la iba a esperar en las afueras del café "Nunzio" en la esquina del ayuntamiento, en ese momento alguien iba a llamarla para que cancelara la supuesta reunión que tendría en ese lugar y eso, automáticamente, me daría una larga hora de ventaja para poder traerla aquí y sacarle toda la información que mi cliente requería.— el psicópata miró a Vicente y preguntó —No entiendes nada ¿verdad?—

—No, no entiendo nada señ... Renzo.—

Renzo volvió a reír —Soy lo que llaman un "interrogador"...— sacó de su cajón un cautín y lo conectó a la corriente eléctrica —La señorita Valtierra es una abogada que posee información muy delicada y muy valiosa acerca de mi cliente, el problema es que no sabemos para qué va a utilizar ese material, así que... mi obligación es averiguar qué es lo que hará con toda esa información pues, en malas manos, puede destruir completamente la carrera, la reputación y la vida misma de mi cliente, ¿Si lo entiendes... Vicente?—

Vicente movió la cabeza en señal de afirmación, después preguntó —¿Y qué tengo que ver yo en todo esto?—

Renzo desconectó el cautín que ya se encontraba muy caliente y lo acercó a Vicente, el calor del aparato se sentía cerca de su rostro —Por supuesto que nada, amigo, pero... — poco a poco el cautín caliente se pegó al rostro de Vicente que gritaba y se retorcía de dolor, la carne viva se quedaba pegada al pedazo de metal mientras Renzo la separaba y la arrancaba provocándole aún más dolor al hombre atado. —Estaba muy frustrado ¿sabes? Algún... chismosito, le avisó a la señorita Valtierra del plan, me quedé esperándola en el lugar y ella no llegó, mi contacto que se suponía llamaría para cancelar la cita, se comunicó conmigo para decirme que, la licenciada Valtierra estaba en ese momento fuera del país, alguien le informó de nuestro trabajo y huyo... con toda la información, ahora no sé qué haré porque, créeme, Renzo jamás vivirá endeudado.— el psicópata buscó en la oscuridad, a donde la luz del foco rojo no iluminaba, hasta encontrar un recipiente que estaba completamente tapado, lo abrió y un olor fétido se apoderó del lugar, era ácido nítrico.

—¿Qué... qué vas a hacer Renzo? Por favor, Renzo, no sé nada, yo ni siquiera conozco a la licenciada Valtierra, Renzo, por favor...—

—¡Oh no! Claro que no conoces a la licenciada Valtierra... como te dije, no he tenido un buen día, he estado muy frustrado hoy y, cuando estornudo... lo único que deseo es que alguien me diga "Salud", como el protocolo social dicta, ¿acaso eso me vuelve un criminal?—

—Pero... pero... pero... ¿Qué? No entiendo nada, Renzo por favor...— Vicente no pudo contener el llanto, el dolor en la pierna y el rostro eran insoportables.

—Sí, eras la única persona cerca de mí y, cuando estornudé, no me dijiste "Salud"—

—¡Perdón! No me fijé, discúlpame Renzo, perdón, no me hagas más daño, te lo ruego.—

—Lo siento...— los ojos de Renzo se abrieron como platos y, enseguida, derramó lentamente sobre la cabeza de Vicente el ácido nítrico del recipiente.

El llanto de Vicente se convirtió en gritos de desesperación al sentir como los restos de su carne aún viva ardían al contacto con esa terrible sustancia, sus globos oculares se hincharon, su garganta se desgarró después de tanto gritar de dolor hasta que, finalmente, el último suspiro marcó el final de su vida.

—Seguiste hablando por teléfono como si nadie a tu alrededor hubiera estornudado, ¿Acaso eso te parece algo que se pueda perdonar? ¿Qué clase de monstruo eres?— dijo Renzo con semblante de terror ante el cadáver de Vicente que permanecía ahí, bajo la tenue luz de un foco rojo.



CUENTILÓPOLIS

30 / mayo / 2012

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4 Comentarios

  • Katerina

    Me parece autor que esto es algo de otro nivel, me ha encantado de una manera temerosa, de lo mejor de esta red sin duda, saludos y espero la siguiente con ansiedad.

    30/05/12 07:05

  • Libelle

    Sois hermanos o primos tu y Katerina teneis es mismo estilo gemelos jajajja no enserio genial me gusto mucho saludos

    30/05/12 10:05

  • Elnovelistadeoro

    Has manejado el flujo del estomago de buena forma, pero bueno ese el el merito que tienes mejor estomago que el mio, porque manteniste entretenido de principio a fin sintiendo los prosesos quimicos de mi estomago, pero nada mas, un mal dia para esa persona educada que dice dalud cuando alguien mas estornuda, enserio me quede con ganas de algo mas aun que fuera algo que me dejara pensamdo como ese magnifico escrito.anterior, y es que el gusto se rompe en generos, y a mi no me atrae mucho el genero de terror.

    Sin embargo reconosco que tienes muy buena vision, lo que pasa es soy muy tonto para ese genero.

    Saludos amigo, espero no te molestes.

    31/05/12 02:05

  • Nemo

    Muy bueno!... para un mal día no se busca quien te la hizo si no quien te la pague...
    Saludos muchos!

    14/09/12 08:09

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