La Vida es Sueño

Lima, 03 de enero, 2018

Creo sí que la vida es sueño. Pero también que la vida no es para verla pasar desde la cama, o para imaginarla mientras se evocan voluntariamente los recuerdos. No puede menospreciarse la vida orgánica que se experimenta periódicamente en la vigilia; no es válido, pienso, el argumento de algunos cristianos, musulmanes e hinduistas radicales de que la vida del cuerpo es finita y despreciable e indigna de ser explorada con pasión y escrutinio continuo. Es fácil decirlo cuando se resguarda al organismo de los peligros fatales de la naturaleza, aguardando más allá de lo que se percibe en el aquí y en el ahora; pero es un auto-engaño, porque en el momento en que se supera el miedo y se adentra uno en el interminable mundo natural que ha programado el nacimiento y la muerte de nuestros cuerpos, este mundo tan lleno, en esta era, de hermosas y enigmáticas criaturas orgánicas terrestres, o de inconcebibles criaturas alienígenas en las épocas venideras, entonces comienza uno a entender que la vida es un milagro que sí vale la pena ser vivida con amor todos los instantes que dure. Cuando uno supera el miedo y decide abandonar la zona de confort y retornar al nomadismo, entonces se comprende que este mundo indigno y finito de la materia es el mundo que real y seriamente hay que estudiar para poder avanzar en los siguientes mundos después de la vida (si los hay).

Creo que la vida es movimiento voluntario que se superpone y no está totalmente subordinada a la dinámica y movimientos involuntarios de la naturaleza (movimientos como el de nuestro planeta ahora, o el de nuestra cálida estrella o el de la nuestra galaxia la Vía Láctea). Creo que esa voluntad de movimiento no presente en los objetos inorgánicos es debida a que la esencia espiritual de la vida (es decir, de todos los organismos vivos) es anterior y posterior a ella. Es decir, que de lo espiritual deriva la vida.

Creo, lo reafirmo, que la vida es sueño recurrente y periódico, quizás el sueño infinito de ALGO divino que sueña y genera a todos los seres naturalmente vivos, los de ayer, los de hoy y los de mañana, los microscópicos, los macroscópicos y los que tengan un tamaño inconcebible, por grande o por pequeño.

La vida es infinitamente novedosa y hay que vivirla sin renunciar al nomadismo, sin renunciar tampoco a la curiosidad del niño o de la niña que fuimos. Pero la vida, a mi entender, no es un sistema organizado aleatoriamente por la naturaleza inerte o sin vida, aunque esa también sea una posibilidad, desde luego la más absurda.

Finalmente, lo único que espero es haberle sido útil al ser vivo que ha leído estas líneas. Pero él o ella es quien decide qué es o no es la vida.

03 / enero / 2018

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