Dioses Fingidos

Colisionan los planetas porque así rige el universo. Chocan nuestros rostros carentes de propósitos nobles, ni siquiera propósitos novelescos o poéticos. Fallece un nuevo día y el murmullo de los siglos que no hemos vivido muge en las tripas de los abruptos seres humanos futuros. Alguien bosteza con suma fuerza inquietudes de sumidero y la sinfonía de los días posiblemente inertes es una presencia inestimable para el hombre que carece de afecto. Ruido y más ruido y pisadas que malgastan suelas de zapatos. Campanas que piden una tregua razonada.
Siria es el inicio de un final que jamás llegó a pisar con firmeza la conciencia global. Machacamos nuestros cuerpos buscando una perfección que sólo puede existir en páramos líricos o en cuevas de sinceridad. Colisionan los planetas sobre nuestra cabeza, sobre nuestra existencia, y no logramos ser conscientes de tal acontecimiento. Sobre dioses fingidos he escrito, aún escribo. Seres que pasan por la vida –a nuestro lado- matizando con sus manos todo tipo de iniquidades. ¿Qué provecho le puede sacar un hombre íntegro a una vida marcada por los fraudes y el desapego? ¿Qué cosa es la que mueve realmente al ser que decide barajar y entrampar las cartas para así conseguir un "beneficio" propio que únicamente disfrutará por un periodo ridículo de tiempo? Estas son cuestiones que han moldeado y aún moldean la conciencia del ser humano. Decía Thor Heyerdahl sobre el tema que "hoy se podría definir el progreso como la facultad de la humanidad para complicar lo sencillo".

Ciertamente vivimos de cara a la pared a consecuencia de la falta de prioridades propiamente humanas: a mayor información, mayor desinformación, tal vez porque el hombre no posee la capacidad cerebral de quedarse con todas y cada una de las noticias que van pasando frente a sus ojos. Algunos aseguran que vivimos en un momento de la historia en que jamás el ser humano ha sido tan equitativo consigo mismo y con su entorno. Yo no creo esto, no creo este engaño porque jamás en la historia del ser humano ha habido, por ejemplo, un índice tan alto de pobreza en el planeta Tierra. Jamás ha habido una separación tan clara entre los ricos y los pobres; por lo cual, ¿de qué nos sirve este supuesto progreso -y jactarnos de él- si realmente el índice de hombres y de mujeres que lo están pasando mal va en aumento para que una "élite" viva cómodamente?
Busquen los datos si no creen lo que digo: "Manos Unidas señala que la crisis financiera global se ha traducido en un radical aumento del hambre en África. Hasta 16 millones de personas están viviendo –o más bien sobreviviendo- con menos de 1,25 dólares al día". Por lo cual, ¿de qué debiéramos estar orgullosos realmente? No somos más que dioses fingidos y fingidores que no asumen sus errores pero que sí alientan sus escasos éxitos como especie. Somos tan necios que no mostramos respeto al acontecimiento sobrehumano que supone que colisionen los planetas sobre nuestras rasgadas y enclenques cabezas.

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1 Comentarios

  • Neogrekosay2012

    La claridad de tu texto desarrolla la coherencia de lo que hemos logrado con nuestra desproporcionada imitación de los dioses.

    05/10/13 09:10

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