Inhumano

Ahora que “la daga” se muestra sobre Occidente como si de un eclipse se tratara, me declaro inhumano por motivos de humanidad. Ahora que sabemos demasiado sobre lo lóbrego, lo rancio, lo cutre que deja huellas con sabor a hiel y falsa miel, me expreso como no-vivo, o vivo descomunalmente muerto, ya que el desasosiego de los días regresa cada noche a mi mente desmembrada por las injusticias. Yo no me veo representado por la supuesta humanidad que, al parecer, nos gobierna. Una bomba estalla en Oriente Medio y en mi tierra exclusivamente se escuchan los golpazos del egoísmo, de la pena que es pena doble a consecuencia de la crítica situación financiera. Geoge Steiner, filósofo francés, dijo: “La inhumanidad es perenne”. Perpetuo síntoma que degrada las habilidades llenas de bondad que Dios o los genes nos regalan cada día, y que no utilizamos, porque el hombre es tan humano como inhumano, el hombre es matador de hombres, idolatra su propio “yo”, comercia con sus semejantes, adquiere actitudes de navaja quincallera, de invierno en verano, de trata de blancas y pederastia escondida tras el abanico de la doblez y la buena educación. Por tanto, hoy me declaro inhumano: no deseo pertenecer a un gremio de seres que te dan la mano derecha para clavarte la daga que esconden en la mano izquierda. Yo, en este preciso momento, caigo en la cuenta de que no soy ése al que intentaron ilustrar con solemnes mentiras hechas a imagen y semejanza de un no-ser, de un no saber qué deseo ser; mentiras surgidas de la filosofía de la apariencia, del “consiente que tu hermano sucumba para que tú puedas alzar la cabeza y hacer baza”. Las noticias recientes comentan la inhumanidad: “Hallada muerta en Tarragona una mujer junto con sus dos hijos de 2 y 6 años, en la bañera, con cal viva y una hediondez de desventura; otra mujer rumana muere por un golpe en el metro de Roma, golpe propinado por un joven de 20 años, tras haber tenido ambos una discusión ridícula…” Y entre noticia y noticia rememoro las palabras que una vez me dijo el sabio pontevedrés Juan Vidal Fraga: “Cuando me siento abatido, derribado por las injusticias que me envuelven, recuerdo que en este mundo aún hay niños, y por ellos, aunque sólo sea por ellos y su futuro, continuaré luchando”. Evidentemente Juan lo hizo, porque Juan era grande, aún lo es. Agarró fuertemente su pipa abrillantada, su chaqueta de pana y la tinta/sangre de su estilográfica, fortaleciéndose en la inocencia de los niños para continuar adelante y dejar esa huella muy humana que únicamente dejan los magnánimos que apuestan por la esperanza.

18 / octubre / 2010

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2 Comentarios

  • Norah

    Leerte, me recordo una frase de Alejandra P...la realidad nos ha olvidado, lo lamentable es que no morimos de ello o algo así, beso grande.

    18/10/10 05:10

  • Alexandervortice

    Gracias, amiga Norah, yo preferiría morir de feliz y entrañable fantasía.

    Un abrazo enorme!!

    19/10/10 05:10

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