Paz

La guerra es lo cotidiano, lo inclemente, la servidumbre, la violencia ego centrista que habita la mayor de las veces tras falsarios sermones que subsisten intentando vendernos concordia. Una de las grandes tragedias de nuestros tiempos es justamente la falta de paz (paz interior y exterior, que a fin de cuentas viene siendo la misma por mucho que algunos hagan distinciones, ya que el ser humano es un animal social que va muriendo si no puede relacionarse con sus semejantes). Falta paz en los discursos políticos, en el entorno laboral, en las relaciones personales… Falta paz por falta de tranquilidad y porque no creemos en nosotros mismos, aunque andemos sobrados de hipocresía, de rostros encorvados, alocuciones vacías y monedas de pan. Pero que nos quede claro: “que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad”; o dicho de otra manera: aún viviendo en paz no seremos seres propiamente humanos si permitimos que haya personas que sufran injusticia, opresión, exclusión o persecución, ya que, como dije al inicio, el ser humano es un animal social, y si cualquiera de sus semejantes viviera en “estado de guerra”, todos y cada uno de los seres humanos del planeta padecerán dicho estado. Aunque también nos podemos encontrar con esos seres viciados, pertenecientes al género humano tonto, que para “mantener la paz y asegurarla” se lucran sin conciencia fabricando armas del tipo que sean, tanto me da si es un tirachinas con radar como un proyectil de largo alcance. Porque la paz también es un negocio, no lo duden, también sirve como mercancía; mas, si no estamos en paz con nosotros mismos muy difícilmente podremos guiar a otros en la búsqueda de la paz. Por eso no basta con hablar de concordia, uno también debe creer en ella y trabajar incesantemente por ella. Trabajar para que todos podamos residir en un mundo donde ésta exista y persista, sin argumentaciones falsarias, sin un trasfondo basado únicamente en el bien propio, en lo monetario. La paz exige cuatro pilares fundamentales: verdad, justicia, amor y libertad, por lo cual, no es de extrañar que en los tiempos que corren la paz sea un lujo, una especie de entelequia difícil de conseguir. Aún así, se debe y se puede luchar por un estado global en el que reine dicha virtud. Muchos personajes de la Historia han sacrificado su propia vida luchando por dicha causa. Este fue el caso de Martin Luther King, premio Nobel de la Paz, el cual llegó a decir sobre dicha cuestión: “El hombre nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgo una conciencia. Y ahora ha llegado el día en que la violencia hacia otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer la carne de otro”. Ojalá así sea.

31 / mayo / 2013

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