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Oh Lalá

Oh lalà!
18/03/2017
La dalia negra


Era sábado, noviembre, hacia el mediodía. Llevaba días haciendo bastante frío.
Irene estaba comiendo una hamburguesa en el Mc Donalds de al lado de su casa, se sentía relajada, feliz y con hambre. No había mucha gente en el local, por lo que pudo elegir sitio junto a la vidriera que daba a la calle Provenza, podía comer mientras contemplaba la Sagrada Familia; la de siempre, la Sagrada Familia a la que había visto crecer a la vez que había crecido ella. En el cielo brillaba un sol que intentaba calentar el gélido ambiente a esa hora del día en la ciudad.
Sonó el móvil e Irene lo miró con un mohín, apenas había comenzado a disfrutar de su hamburguesa. Hacía un mes que había comenzado a trabajar en el balneario erótico New Tuset, la que llamaba era Elisa, la encargada del balneario, le dijo que había un cliente, que las demás chicas estaban ocupadas y que fuera corriendo que el cliente la esperaba. Irene recogió la bandeja con la hamburguesa a medio comer y salió a buscar un taxi.
A esa hora no había tráfico por lo que enseguida estuvo con Elisa, mecánicamente se duchó, se lavó los dientes, se maquilló, se peinó y se puso el uniforme: ropa interior sexy, bata blanca entallada y cortita, botas negras de caña alta hasta la rodilla con tacones y su mejor sonrisa.
En la salita esperando estaba Jean-Luc, un hombre de 34 años muy atractivo, alto, atlético, con unos ojos verdes de mirada pícara y cautivadora, pelo tieso corto y negro y bonitas facciones.
En la sala de las chicas Irene ya estaba lista, impecable; se dirigió a la puerta, entró y sonrió, Jean-Luc se puso en pié y sonrió también. Soy Irene", dijo ella y sin más le plantó un beso en cada mejilla y sonriendo se dio media vuelta a la vez que salió de la salita cerrando la puerta tras de sí.
Irene pensó que, por lo menos, con un hombre como él se haría más agradable el trabajo.
Elisa fue a hablar con Jean-Luc, volvió a la sala de las chicas y le dijo a Irene: body body acabado en francés.
Fue hacia la habitación donde Elisa había llevado a Jean-Luc y entró, él se estaba duchando, se miraron algo azorados y ella le preguntó que de donde era, Jean-Luc contestó que era de un pueblo al norte de Francia.
Irene y Jean-Luc se volvieron a mirar más profundamente, se dieron cuenta que pasaba algo en el ambiente. Cuando él acabó de ducharse Irene sonriendo nerviosa le dijo que se estirara boca abajo en la camilla, lo contempló, tenía un cuerpo bonito, fuerte, armonioso.
Cuando Jean-Luc notó las manos de Irene sobre su piel, sintió un calor dulce que recorrió su cuerpo. Ella no estaba relajada como con otros clientes, no perdía las riendas mientras recorría con las manos aceitadas el cuerpo de Jean-Luc, pero sentía algo especial que subía de las manos a sus brazos y de ahí se repartía por todo su cuerpo.
Llegó el momento de hacer el body body, ambos estaban excitados. En un momento en que la cara de Irene se acercó a la de Jean-Luc, él intentó besarla pero ella retiró su boca, ella no vendía besos, los besos para ella eran algo especial, algo que no entraba en el sexo de pago. Nunca besaba.
Se acariciaron mutuamente disfrutando el uno del otro pero Irene sabía donde estaba el límite así que le dijo a Jean-Luc que se relajara y se preocupara únicamente de gozar. Unas pocas caricias más y él vació toda su tensión lenta y plácidamente.
Quedó tendido sobre la camilla boca arriba y con los ojos cerrados completamente relajado. Entonces y sólo entonces Irene posó sus labios sobre los de él y lo beso con ternura.
Se retiró rápidamente al tiempo que él abrió los ojos y la miró intensamente, ella nerviosa de nuevo se vistió sin ducharse y salió.
Se duchó en la sala de las chicas pensando en Jean-Luc, después se vistió y fue a buscarlo para acompañarlo a la salida como hacía con todos los clientes.
Cuando se encontraron de nuevo él la abrazó y le dijo en un susurro: no me voy a ir hasta que no me des tu número chiquita, ella rió alegremente y le dijo que no se podía quedar ahí para siempre pero él no soltaba su tierno y protector abrazo.
Por fín Irene accedió a darle su número, salió corriendo de la habitación, apuntó el número de teléfono en un papel y miró a Elisa; las chicas tenían prohibido darle sus números a los clientes. Elisa al ver a Irene recordó años atrás cuando ella había pasado por una situación similar así que sonrió cómplice y la instó a que corriera a dárselo a Jean-Luc.
Irene corrió por el pasillo, entró en la habitación y sonriente y agitada le dió el papel con su número a Jean-Luc, él sonrió dulcemente y la volvió a abrazar.
En la sala de las chicas además de Elisa, estaban ya también Bea y Claudia, cuando Irene entró bromearon con ella sobre lo que Elisa les había contado del encuentro con Jean-Luc; estaban comentando entre risas cuando sonó el teléfono móvil de Irene, ella lo miró sorprendida, lo tenía básicamente para poder comunicarse con sus hijos, la verdad es que apenas recibía llamadas. Contestó, al otro lado Jean-Luc dijo: Chiquita hace mucho frío en la calle sin ti".

Aliciabernuzcarmona20 de febrero de 2020

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