Caminante Nocturno(1)

Publicado por Anatema el 02 de octubre de 2011.
Un hombre caminando solo en la calle. Un milagro en sí mismo ya que la avenida estaba plagada de mortales. A veces le gusta deambular sin rumbo en medio de la noche. Rodearse de otros para los que la vida aún era un tesoro valioso, caminantes rápidos apresurando el paso asía su propia muerte.

Vestido de negro, como la mayoría de los malditos, traje hecho a la medida, telas caras para cubrir sus carencias. Hay que recordar el gusto por vestir de lujo a los cuerpos muertos. El pensamiento arranco de su perfecto rostro una amarga sonrisa.

Los cambios en el mundo se daban tan rápido, que a veces sentía que lo mareaban. Su inventó favorito era sin duda la electricidad, increíble invento ese, la luz del día sin sus molestos efectos. También tenía cierta fascinación por el cine, sus películas favoritas eran aquellas donde los amaneceres fulguraban en la pantalla, aunque fuera por unos segundos.

Un escaparate bellamente decorado, un altar al consumo desmedido, llamó su atención. Unos maniquíes quietos, hermosos como los de su propia raza, como ellos inertes, congelados en el tiempo. Las personas caminaban apresurados, pero siempre evitando cualquier contacto con el hombre, algo del antiguo instinto de conservación les advertía que era peligroso.

Dejándose llevar por sus sombríos pensamientos se quedó quieto, hermoso como una estatua de alabastro, peligroso como el ángel de la muerte. El cabello negro, corto hasta los hombros, sus ojos negros penetrantes, el rostro hermoso como el de una estatura griega, pero sin expresión.

Una brisa cargada de pequeñas gotitas de agua anunciaba lluvia en la ciudad. Los grandes edificios que tocaban el cielo, parecían clamar misericordia semejando antiguos condenados. Las personas como hormigas, también sentían el cambio en el clima y apresuraron el paso buscando refugio. En unos momentos un sinfín de paraguas se abrirían, un mar de hongos negros deslizándose por la avenida.

Sintió una presencia, aún más vieja que él. Se presentó de pronto al lado suyo, a veces le parecía increíble que los mortales no notaran esas cosas extrañas que ocurrían justo bajo sus narices. Sin mirarlo supo quién era, siguió observando los maniquíes, la ropa que los cubría, su propia imagen en el vidrio del escaparate. El hombre al lado suyo, un espectro de cabello blanco largo hasta la cintura, ojos dorados y alto como un roble. Demasiado hermoso para ser hombre.

-¿Qué te hace visitar a un viejo amigo?- Pregunto Dante dándosela vuelta para mirarlo a los ojos.

-¿Amigo?- Una risa amarga salió de su garganta del visitante. –Ahora me llamas así…

Dante recostó su cuerpo a la vidriera, no le gustaba darle la espalda, con él nunca se sabía si venía como apoyo o ejecutor. No era que apreciara mucho su existencia, pero las viejas costumbres eran difíciles de dejar.

3 Comentarios

  • Indigo

    mmm, que traerá ese espectro... Dante no se fía mucho en él...

    02/10/11 09:10

  • Albasilencio

    hermosa prosa, con la inquietud permanente de que tarde o temprano recibamos a ese caminante. un gusto leerte, un saludo.

    03/10/11 02:10

  • Anatema

    Gracias por los comentarios… Espero mejorar cada día…

    03/10/11 06:10

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