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En la Noche de Todos Los Santos.(3)

Le sonreí, honesta y esperanzadoramente. Él tenía razón, el puente y el amanecer siempre iban a estar allí para nosotros, saber eso era liberador.
Comí mi emparedado despacio, él bebía de su copa, no podía recordar desde cuando me había sentido tan interesada por algo. El simple tono de su voz era suficiente para que yo quisiera estar allí escuchándolo.
-¿Siempre has vivido en esta ciudad?- Me pregunto mirándome por encima de su copa.
-Creo que sí… No recuerdo haber vivido en otro sitio….¿Y tú?
Se quedó pensativo por un momento, como si los recuerdos también fuera un vino amargo para él.
-Desde que me fui de casa, cuando apenas si estaba dejando de ser un niño, he recorrido el mundo tantas veces que ya ni las cuento. Antes de conocerte había pensado que no había nada nuevo bajo la luna para mí.- De seguro mi expresión incrédula fue bastante clara como para quererse explicar.- Y no lo digo por decirlo, es en serio. Soy más viejo de lo que parezco, pero tu presencia de alguna manera me hace sentir vivo.
Se que debí haberme reído, por Dios, había escuchado frases hechas mejores que esa. La expresión de su cara, su manera de sentarse en la silla, con los codos sosteniendo su cara eran la señal más clara de abatimiento que hubiera visto. Por hombres como él se había inventado la frase “es un ángel caído”.
-Háblame de tu familia…- Decidí curiosear- Para alguien que nunca tuvo una es una conversación interesante.
El pareció pensárselo un poco, note como tomo aire despacio.
-Ha pasado tanto tiempo que no son más que un recuerdo borroso. Mi padre era un hombre con muchas tierras, un duque. Mi madre la duquesa más dulce que puedas imaginar. Juntos tuvieron dos hijos varones, del cual yo soy el segundo, y una niña encantadora.
-¿Me estás diciendo que eres de la realeza?- No pude evitar burlarme, aunque, a decir verdad, su porte, la arrogancia natural y esa seguridad de ser obedecido lo gritaban a gritos.
Yo… yo no… Era el segundo hijo, y en ese lugar y esa época ser el segundo hijo te dejaba dos caminos, la Iglesia o un matrimonio ventajoso.- Su risa era amplia, de nuevo tenía esa expresión picara en los ojos- Puedo asegurarte que no era un joven llamado a vivir en el celibato, de eso muchas damas ya podían dar fe, ni tenía madera para casarme con una heredera horrible cuyo único atractivo fuera su cuantiosa fortuna. Porque déjame decirte, las bonitas y ricas quedaban para los primeros hijos que heredan el título.
Ahora sí reía, pero estaba segura que en su momento no fue así.
-En fin…Decidí irme de casa. A correr aventura. Cambié mi nombre y me uní a un regimiento que partía por esos días a tierras lejanas… El mundo era ancho, sin fronteras para un joven ingenuo. Corrí caminos, enfrente guerras, vi tanta muerte e injusticas, poco a poco fui perdiendo la esperanza en la humanidad y en mí mismo, supongo. A mis veinticinco años había amasado una cierta fortuna, mucha experiencia y algunas aventuras que contar. Había sobrevivido donde muchos habían muerto.
-¿Y entonces?... déjame adivinar, tu suerte cambio…. ¿Una mujer?
-Eres una mujer demasiado lista para ser mi bien…- Sonrió mientras centraba su atención en el cristal de la copa.- Digamos que fue, casi, la típica historia que se cuenta en un bar. Ya sabes. Una mujer demasiado hermosa, un hombre que se creía demasiado listo…. Te diré que encontré lo que no buscaba, una muerte prematura.
Si era broma él no sonrió. De algún modo la historia que me contó me pareció bastante vieja. Algo extraño, si se veía tan joven, apenas unos años mayor que yo.
-¿Qué hay de ti?- Me pregunto interesado.- ¿Eres algo más que una hermosa aparición en una noche fría?
Esa manera suya tan galante de coquetear, realmente me estaba empezando a gustar.
-De mi hay muy poco que contar… No conocí a mi madre.- Le respondí evitando el dramatismo.- Me crió mi abuela, hasta que pude valerme por mi misma, luego todo corrió por mi cuenta.
La noche siguió y siguió…. No sé cuanto rato estuvimos allí sentados, uno frente al otro, pasando el tiempo…
Debían ser como las cuatro de la mañana, cuando salí de mi departamento no me había puesto el reloj.
-Falta poco para el amanecer.- Anuncio algo molesto.- ¿Quieres que te lleve a tu casa?
Mi casa era mi santuario, yo jamás le permito a alguien invadir mi espacio íntimo. El departamento que compartía con Michael era solo una parada en mi camino, jamás lo considere mío. Para ese momento tenía mi propio lugar, mi refugio.
-¡No gracias!- Respondí tratando de no sentirme un tanto desilusionada. No está bien tentar a alguien para que viva un día más y luego enviarlo a casa.- Buscaré un taxi.
Me ayudo a ponerme de pie. Dejo dinero sobre la mesa, pude notar que no era tacaño con las propinas, eso dice mucho de un hombre.
Saludo al hombre de la barra con un movimiento de cabeza y salimos tan silenciosamente como habíamos entrado. Una ligera lluviecita, pelitos de gato, la llamaría yo, caía haciendo brillar las calles como si fueran de un cristal negro a la luz de las lámparas. No sé de donde, no sé cómo, un paraguas, lo suficientemente grande para cubrirnos a los dos apareció en su mano. Estaba por preguntar cuando él se volvió hasta quedar frente a mí, sus ojos negros como ascuas casi quemaban, lo suficiente intenso para hacerme bajar la mirada. Un dedo bajo mi barbilla con un gesto suave me hizo levantar el rostro evitando que pudiera escapar.
-¡Mírame!- Fue su orden suave.
Sus labios rosaron los míos, una caricia tan suave, como alas de mariposa, me hizo temblar de pies a cabeza.
-¡Perdóname!- Fue su ruego al intensificar el beso.
Sus manos bajaron suaves por mi espalda, en una caricia sinuosa llena de promesas, hasta llegar a mi cintura. Su abrazo de hombre se apretó acercándome más a él. Me deseaba, la evidencia física era demasiado obvia hasta para la ingenua más empedernida. Como respuesta abrí mis labios permitiendo gustosa la invasión de su lengua, su sabor dulce se podría convertir en adictivo. Sin poderlo evitar, subí mis manos hasta sus hombros acercándolo más a mí, acaricié su melena negra como un cielo sin luna, sus mechones se sentían suaves al tacto.
Me habían besado antes, muchas beses, tantas que quien las podría contar, pero en sus brazos me sentí niña otra vez, no sé si la intensidad del deseo que crecía en mí, no sé si su destreza, lo que sea me estaba matando lentamente. El darme cuenta de que por primera vez en mi vida deseaba ser tocada, amada, tomada, me llenó de miedo. Es más fácil tener sexo con alguien cuando sabes que tu corazón y tu mente no están allí, cuando no lo deseas más que como una manera de tener poder sobre otro. El debió sentir mí la duda, porque suavemente se apartó. No sin antes de darme un pequeño beso en la nariz.
-¡Fue un buen beso!- Le sonreía tratando de no sentirme tan tonta.
-Soy un hombre perfeccionista.- Hablo sonriéndome con su mejor cara de inocencia.- Siempre he pensado que la práctica hace al maestro… Así que si me das otra oportunidad puedo hacerlo mejor.
-Los hombres tienen algún manual de excusas o algo así, juró que ya he escuchado decir algo como eso antes.-
-¡Eres una mujer cruel!- Se quejó mientras caminábamos despacio bajo el paraguas. Luego, como si se si también para él aquello fuera nuevo, sin mirarme preguntó-¿Quieres que nos encontremos mañana en la noche?
Aquello era solo un encuentro casual, no tenía que ser algo con continuación. Estaba sola y tenía buenos motivos para quedarme así… Mi gato ya era suficiente compañía.
-Si… si me gustaría.- La respuesta fue una sorpresa para mí misma. Ya era tarde para retractarme.
El paro de pronto tomándome por sorpresa. La calle estaba sola, la fiesta había acabado ya hacia algunas horas y el mundo parecía dormido, uno que otro auto transitaba perezosamente.
Me tomo de la mano volteándola, dejando mi palma hacía arriba, el frío del metal me tomo por sorpresa. Un anillo de oro con un rubí rojo sangre engarzado, brillando con las luces de la calle contrastaba con el blanco de mi piel.
-¿Qué significa esto?- Le pregunte sintiéndome ofendida, por primera vez en mi vida di un beso porque lo deseaba y alguien me pagaba por ello. Antes de que pudiera decir algo más él me dio un suave beso en los labios.
-En mi tierra, cuando conoces a una mujer a la que te interesa volver a ver, le regalas algo para que ella te recuerde. Sé que aquí tiene otros significados, pero te ruego que hagas una concesión para mí.
No sabía que pensar. La sinceridad de su mirada me dijo que eso no era algo que hiciera a diario. Además, quién podría regalar algo tan valioso a cada mujer que se topara.
-Bien… Lo acepto, pero sólo si me permites devolvértelo mañana.
Él asintió con una sonrisa ladeada que hizo que él corazón se me detuviera uno o dos latidos. Me estaba metiendo en problemas y esa era una verdad tan grande como la luna. A veces es más difícil vivir que decidirse por la opción del puente. Tomaría el riesgo… qué más da.
Un taxi doblo la esquina, Víctor lo paró para mí. Le dio dinero y me dijo que él me llevaría a cualquier parte de la ciudad que yo deseara. Luego me entregó su tarjeta, un beso rápido, abrió la puerta y me ayudo a subir.
Dormí todo el día, cuando desperté eran las cuatro de la tarde. Mi gato Lex, un hermoso gato siamés me miraba interesado desde el pie de la cama. Su ronroneo era el sonido más dulce, luego de permitir recrearme con su presencia salió del cuarto con toda la dignidad de un felino que se sabe lindo. El muy miserable, me encantaba por eso. Era totalmente independiente, exceptuando por la cara comida que le compraba, por lo demás, unos cuantos arrumacos y el animal estaba contento.
Salí de la cama, tenía un proyecto casi terminado, no debía entregarlo hasta dentro de una semana y me sobraba el tiempo. Mi primer pensamiento, aún antes del recuento de mi trabajo pendiente, fue acerca del hombre que había conocido la noche anterior. La curiosidad me estaba matando, lamentaba no haberle hecho más preguntas. Me había puesto el anillo casi inconscientemente, era una hermosa alhaja de oro maciso, el rubí parecía una gota de sangre. Tenía extraños dibujos en toda la circunferencia externa del metal, era una belleza antigua. Muy valiosa, eso era evidente.
La mujer de la limpieza había entrado, hecho su trabajo y marchado hacia horas. La comida estaba en el refrigerador. Tenía hambre como para comerme una vaca. Ese era uno de los tantos secretos, por lo general la gente creía que alguien con ese físico comía solo hojas o cosas por el estilo. Soy pequeña, metro setenta, si acaso. Un cuerpo lo suficientemente bonito para que desde niña alguien se sintiera tentado a pagar por sus mimos, hasta el punto de que un hombre casado la mantuviera por años, llegando a pagarle su carrera universitaria.
Ella era una chica lista, le dijo al espejo del baño, quién lo hubiera pensado de una desarrapada que cambiaba sexo por una hamburguesa y un lugar donde dormir. Podía ser rubia, pero no era idiota, sabía que la belleza no duraría siempre.
Tenía treinta años, mi cuerpo era joven, ojos azules brillantes con una mirada interesante, pechos firmes, suficientemente grandes para llenar una mano masculina, labios rosados dignos de ser besados, pero sin corazón. Estoy tan bacía como lo pode estar una muñeca. Había luchado por años por un título universitario, una casa a la que llamar hogar, un trabajo como programadora de alto nivel, pero estaba sola, en algún momento había perdido la capacidad de amar.
Me senté en el piso frio del baño y lloré, como no lo había vuelto a hacer desde que aquella vez que tuve tanta hambre que cambié mi virginidad por comida. El tipo se había reído en mi cara y me había tirado otro billete, dijo que era un bono extra por divertirlo con mi candidez de quinceañera. Si mi cuerpo dolía en aquel momento, mi corazón se sentía sucio al igual que el resto, como la habitación del motel, el hombre que había estado dentro de mí, como la vida misma.
Lex entró despacio por la puerta, con la cola levantada y su caminar principesco. Se quedó mirándome con expresión asqueada, se dio la vuelta y me dejó sola.
-¡Víctor!- Dije en voz alta mientras me limpiaba las lágrimas.- El sería mi último intento para hacer latir mi corazón de nuevo, si acababa roto, al menos sentiría algo.
01 de diciembre de 2011

1 Comentarios

  • Buitrago

    Interesante novela, muy bien
    Saludos

    Antonio

    01/12/11 08:12

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