No Son Los Otros, Somos Nosotros

Publicado por Andreanadal el 05 de agosto de 2017.
Es uno mismo quien se administra, a modo de cuota obligatoria trimestral, un suministro sustancioso de dardos envenenados y untuosos. Lo cierto es que son lanzados a una módica velocidad. Se ven venir. Ellos mismos están impregnados de curiosidad. Inquietos por averiguar si los podrás o no esquivar. Cual escupitajo mal direccionado a través de la ventana del susodicho afectado, los dardos son teledirigidos por nuestra mente. Si piensas en negativo atraes poca suerte. Incluso las palabras se volverán en tu contra. Sonarán incoherentes. Te convertirás en incongruente. No te darás crédito. Dudarás de tus cimientos. No son lo suficiente sólidos, te repetirás.

Te libras de un par de estocadas, pero uno de los dardos sabe dónde pinchar. ¡Diana! Se aferra al intestino y como si éste se tratara de tierras movedizas, procura alimentarse lo menos posible para que el rugir del hambre no mueva al arma aceitosa y así evitar que se hunda y puncione demás zonas blandas. Inapetente. Consecuentemente adelgazas. Somatizas la nostalgia. La interiorizas tanto que sale a flote por dónde no lo tiene que hacer. Entrenado en la labor minuciosa logras desentenderte del arpón poco meloso. Sales victorioso. Ya sabe la vida de nuevo a gloria. Qué tiempos aquellos más desastrosos.

La catarsis de las emociones ha sido conseguida de manera satisfactoria. Progresas adecuadamente trimestre tras trimestre. La atmósfera venidera se presiente mucho más agradable. Incluso deja de merodear el viento cálido africano. Los mares se apaciguan. En estado calmachicha. El cacareo obligatorio al amanecer en el campo suena a cántico. No molesta ni lo maldices por haberte despertado. Porque ya prescindes del dormir para no pensar. La fuente cristalina proporciona agua mucho más fina. La lluvia, de repente, se apodera de los desiertos. Incluso las ramas secas del jardín florecen. Te despiertas con una mueca no reconocida. En el espejo confirmas que es una sonrisa.

Y reflexionas. Concluyes que la mayoría de veces no hay culpables de la translocación de un corazón tetramorfo y atleta a un lugar recóndito, casi inaccesible al bisturí. Son tus pasiones no resultas, tus intereses no logrados, tu fortuna desviada quiénes se empoderan, se apoderan de tu fortaleza. Te cazan sigilosamente. Tientan a tu muerte. Pero la cabra sube tanto al monte que ya nada te sorprende y la devuelves a su establo tranquilamente.

Volverá el toro enamorado de la vida a huir colina arriba hacia el retiro, cabreado post mortem mental y amedrantado. Se sentirá esquilado cual inofensiva oveja. Ahora sabrá con certeza que no es que la vaca le haya mugido con un solo con sordina desafinada. Es que el macho cabrío ha malinterpretado sus palabras y ha acabado maltrecho.

Pediste un "solo", no con leche; si sabe amargo el camarero no tiene la culpa. Es simplemente tu elección. Si el agua del lago te produce una hipotermia la responsabilidad no es del agua, ni del frío, ni de la estación, ni del lago siquiera. Has decidido hacerte el valiente. Si el pinchazo en la vena duele no es culpa de la vena, ni del enfermero, ni de tu umbral del dolor. Cualquier invasión del organismo conlleva consecuentemente una alteración de la integridad de la piel, aunque sea mínima, un roce, una presión, una herida...y esto irremediablemente duele. ¡ Sácame guapo en la foto! Más de lo mismo. Son experiencias que producen emociones, sentimientos, y no hay más que sufrirlas y superarlas. Lo positivo es que son pasajeras y no van a vivir eternamente. Tanto si son buenas como si son malas terminan huyendo de nosotros.

No huyamos nosotros de nosotros mismos también. Experimentemos. No son los otros, somos sólo nosotros los responsables de nuestras hazañas.

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