Paraísos que Son Infiernos

Corruptos, astutos, ineptos. Transfigurados, similares a bestias sin su bella, son un cuadro mal pintado, deshilachado, doblado y sin ahumado. No quieren. Tientan a la suerte del bienaventurado. Los hay. A cientos. Ansias de acaparar los bancos, en el que te sientas tú, él y yo. Indistintamente. Se divierten con zancos. Pretensión de divisar desde lo alto el cayo que aguarda mil y un dineros. Los avalan paraísos en vez de infiernos. No son mancos, pues alargan los brazos sin miramiento y sin acordarse de injertos, muertos, sedientos, sin aliento. De éstos por mil. Se advierte un acaecimiento con tierra, mugre y excrementos sobre la tez frágil de un llanto eterno. Sin escapatoria y mar adentro, a remolque de las olas proclaman sus oratorias a los cuatro vientos. Afán de adivinar una mano sobre el hombro del que no mama y llora y trabaja de sol a sol a deshoras y sin cobro. Con más pena que gloria, desarreglados, sin astucia de la que ensucia ,y con lamento, quejándose del invento que tramaron aquellos cientos. Quienes prefieren cambiar panes de niños por niños sin panes, sin padres ni risas. ¡Cuánta malicia! Tiempos inciertos. Quién sabe qué se presenta. ¡Atento! Presiento una historia sin argumento ni fin...

04 / julio / 2017

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