Su Cálida Ceguera.

Publicado por Andreanadal el 10 de julio de 2017.
Afortunado el alumbramiento que se sucede sin traspiés ni oquedades,
ignorados los partos bastos porque se dan en la trastienda,
conozco de oídas la transhumancia sometida a cortas edades,
que acaeció a un doctor honoris causa hasta que comenzó su labor y enmienda.

Unos sólos minutos nada más nacer vio sin ser,
pues su inconsciencia impidió que en su alma se plasmara un sorbo de recuerdo,
unas gotas de destinatario equivocado le ahorraron el sentido del ver,
sin vislumbrar un ápice de la vida fue un héroe, ausentes los ¡quita que muerdo!.

Se instruyó en las artes de la filosofía y las letras puras,
se casó con una de sus alumnas, bella en la carcasa y en su limpia certeza,
pudiendo haber aprovechado su ceguera y vivir de ser cura,
se adoctrinó en la lectura de la no amargura y la destreza.

Escultor de vivencias, escritor de cuentos y demás temáticas,
vocablo fino, del que disfruta y saca gozo de cualquier clase social,
adorador de la naturaleza, de las mentes y fonéticas varias,
máster en intuir con el tacto, el más crudo arte marcial.

Poseedor de los mejores vinos ardientes sin ser quimera,
no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita,
pesa el quejar del caminar de los humanos por la acera,
cuando hay gentes sin oído, sin habla, sin su adorada andesita.

Cinco hijos a sus espaldas amaestrados en el cómo respirar,
señor bravo dónde los haya y esclavo enamorado de su principal as,
sabe mucho el hombre que sufre ausencias del inspirar y el espirar,
un sentido menos que dio a su trayectoria vital un sentido de más.

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