Microrelato.

Publicado por Andreasanchez el 29 de enero de 2017.
Te despiertas, miras el reloj: las 5:17, cierras los ojos pensando que aún tienes un amplio margen de descanso, le das una vuelta a la cabeza, meneándola con tus problemas. Y detrás otra vuelta, y otra y otra. Y empiezas a decirte a ti mismx: como siga así, no me volveré a dormir.

Y si has dicho esto, es que ya no lo vas a hacer. Ya no te vuelves a dormir. Te pasas 1 hora dando vueltas, muerta de sueño, pero siendo consciente de que te tendrás que levantar sin poder preguntarte: ¿qué habré soñado esta vez?

Pasado este tiempo, pones un pie en el suelo, está blandito a causa de los calcetines que llevas puestos, seguidamente pones el otro y notas del frío del invierno por cada parte de tu cuerpo (¿porqué habré dicho calcetines en plural, si siempre pierdes uno al dormir?).

Te levantas y te lavas la cara, no entra ni un rayo de luz por la ventana, aunque casi lo prefiero, porque así evitas verte las ojeras que ocupan tu cara.

Te notas la barriga vacía, hace días que solo bebes agua y ojalá fuese por dieta, pero en este caso no habrías podido aguantar.

¿Sabes? Hay cosas que tienen más peso que unos kilos de más, y con eso me refiero al amor.

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