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Homicida

Entre una de las múltiples definiciones de "matar" se encuentra: "Hacer que algo deje de estar presente".
Y quien mata se convierte en un homicida.
Y cuando uno se convierte en homicida no se puede echar atrás. Equivocado o no, es una marca.

Lo cierto, es que ya he matado una vez y se siente como haber destruido el mundo.
Mi primer homicidio fue hace un año, con una madre. El asesinato de sus hijos.
Una madre desesperada y desamparada por este sistema económico de mierda, que nos mintió y nos prometió bienestar y salud a todos, nos prometió un hogar, oportunidades, una vida digna... Una vida digna que esa madre no podía garantizarle a sus hijos.
Y allí estaba ella, en medio de la plaza más céntrica de la ciudad, llorando a gritos con un cartel pidiendo dinero para sus hijos... Con un olor a azufre y sufrimiento. Solo un ser inhumano podría ignorar la escena.
Me acerqué... Hablé con ella... Le pregunté su situación... Le consolé, le abracé, le dí lo que tenía, no solamente dinero, también libros que llevaba conmigo en ese momento, unas gafas de sol, leche en caja, cigarrillos, etc...
Y desde entonces, empece a frecuentar a esa señora, en la misma ubicación de la misma plaza durante unos días.
Hasta que un día, mi bondad y mis ganas de ayudar jugaron en mi contra, mi corazón fue engañado por mi mente... Y le recomendé una barbarie para sacarla de su desesperación...
A los jueces en mi mente, que vienen tanto tiempo juzgándome y poniéndome una condena de la que cargo con la respiración entre cortada, con un peso en mi espalda y un nudo en la garganta y las ganas de llorar porque conozco mi culpabilidad. Os juro, que mis intenciones eran las más humanas. Pidiendo que una madre comenta un acto inhumano.
Otorgar la custodia de sus hijos a los servicios sociales... En ese momento, esa mujer y yo creíamos que era lo mejor que podía hacer.
No volví a verla en casí un año.
Hace una semana, que volví a esa plaza en la gran ciudad... La encontré peor. Oliendo a tabaco y a tristeza.
Me acerque, y ella al verme, en vez de recibirme con un abrazo como solía hacer, se levanto gritándome y me golpeó llorando... La histeria corría por su cuerpo...
Los transeúntes al ver la escena la separaron, ella se sentó... Y yo, antes de ponerme a la defensiva o a ofensiva me acerqué a preguntar... ¿Qué sucede?Ella lloraba descontroladamente... Y en ese momento me acordé de mi propuesta... Aquella propuesta que creí que era lo mejor que podía hacer por el bien de sus hijos y que después pensé en que no era la mas adecuada.
No lo fue.
Fue una frase la que me desgarro... "Se los llevaron, y todo fue culpa tuya".
Una madre que no había visto en mucho tiempo a sus hijos y que solo sabía que se los habían llevado fuera de esta gran ciudad culpando y juzgando al homicida de sus hijos. A otro huérfano.
Un huérfano que forzó un abandono. Ahora entiendo el porqué de mi condición.
No dejo de pensar en mi pecado, en mi error, en el querer ayudar y condenar a sus hijos a no ver a su madre. No paro de arrepentirme, de querer ir a la misma plaza de la gran ciudad a ver si tengo la oportunidad de abrazar de nuevo a esa señora, llorar y decirle cuanto lo siento. Como si fuese el perdón de Dios el que busco.
¿Cómo se puede perdonar esta aberración?
¿Cómo puedo redimirme de este pecado?
Esa madre buscaba lo mejor para sus hijos, y lo mejor para un hijo es ser criado por su madre y su padre.
Les he condenado a la ausencia y a la incertidumbre...
Del mismo modo que yo fui condenado, he condenado.
No puedo huir de mi pasado, me toca enfrentarlo en el futuro. Todos los pecados siempre salen a la luz.
Andresmb18 de julio de 2020

1 Comentarios

  • Unodealcoy

    Relato desgarrador, muy bueno, Andrés.

    21/07/20 11:07

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