¿quién Va a Pagar la Sangre que la Tierra Absorbe? Primeros Fusilamientos de Fidel Castro.

Publicado por Antigona76 el 26 de julio de 2016.







6 de agosto de 2008

La revolución cubana fue un movimiento social y políticamente heterogéneo que surgió como reacción al golpe de Estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952. La vía violenta elegida por sus diversos líderes --Prío, Castro, Echeverría, García Bárcena, Barquín, San Román-- no sólo era un componente de la cultura política insular desde la segunda mitad del siglo XIX sino una opción que, a los ojos de aquellos revolucionarios, estaba justificada por el cese de garantías constitucionales en un régimen de facto.

Sin embargo, como es sabido, durante los seis años y medio que Batista gobernó (1952-1958) no siempre esas garantías estuvieron suspendidas. Aún bajo sus Estatutos Constitucionales, que amarraban autoritariamente la carta magna del 40, Batista restableció dichas garantías en 1954, volvió a suspenderlas en enero del 57 y, luego de un breve restablecimiento, las suprimió nuevamente en marzo del 58. En esos años, los revolucionarios se beneficiaron de las amnistías, del habeas corpus, del estado de derecho y de las libertades públicas que, a pesar de la incuestionable represión, subsistían en Cuba.

La idea de una revolución legítima, es decir, justificada por un régimen de facto, ganó terreno dentro de la propia oposición pacífica, liberal y democrática de la isla, en buena medida, por la crueldad de la policía batistiana entre el 57 y el 58. Es en esa idea donde habría que encontrar el origen de un tipo despiadado de justicia que se presenta como reacción al autoritarismo gubernamental. Frente al estado de emergencia de Batista se colocaba el estado de excepción de la legalidad revolucionaria.

El tema ha apasionado a filósofos de derecha, como Carl Schmitt, y de izquierda, como Walter Benjamin, y ha llamado la atención, en los últimos años, del pensador italiano Giorgio Agamben. El estado de excepción o de emergencia es entendido, en esa tradición intelectual, como un tipo de legitimidad no democrática que logra el consentimiento de los gobernados sobre la base de una limitación de los derechos políticos por razones de seguridad nacional.

Los fusilamientos en la Sierra Maestra, durante el primer año de la guerra, son una buena prueba del estado de excepción revolucionario. En 1957, según los cálculos de Armando M. Lago y Giberga, habrían muerto más hombres por fusilamientos en las montañas --46-- que rebeldes por bajas militares: 35. Este contraste tiene que ver, naturalmente, con el hecho de que la confrontación propiamente militar se produjo en el año 58, cuando podrían haber muerto, según los mismos cálculos, 409 rebeldes, frente a 49 fusilados. La mayoría de esos ejecutados no eran soldados enemigos, a quienes se les liberaba para enviar un mensaje amistoso al ejército, sino campesinos orientales.

¿Por qué se fusilaba en la Sierra? Los testimonios de los guerrilleros, especialmente del Che Guevara, son exhaustivos. Muchos fusilados eran desertores o informantes, pero también se aplicaba la pena capital por asesinato, robo o violación. Guevara se refiere en extenso a los casos del chino Chang, que asesinó a varios campesinos, de Dionisio y Juan Lebrigio, ladrones de víveres y reses, el bizco Echevarría, que hacía robos a mano armada en territorio rebelde, y el guajiro Arístidio, ejecutado por haber vendido su revólver y amenazar --sólo amenazar-- con hacer contacto con el ejército: durante los momentos en que el enemigo arrecia su acometividad no se puede permitir ni el asomo de una traición.

También habla Guevara de ejecuciones simbólicas, como la de tres muchachos, unidos a las tropelías del chino Chang, quienes fueron vendados y sujetos al rigor de un simulacro de fusilamiento. Pero entre todos los fusilamientos de la Sierra, tal vez, el más emblemático de un estado de excepción fue el de un campesino apodado el maestro, referido en un testimonio de Castro que recoge Franqui en Diario de la revolución cubana (1976). A este guajiro lo fusilan por aparentar haber sido asaltante del Moncada y tripulante del Granma y hacerse pasar por el Che en la zona rebelde, con el fin de seducir muchachas: ¿Quieren cosa más grande? --dice Fidel--. Fue directo, no se le hizo juicio. Lo fusilamos.

Tras la muerte de Frank País, Castro lanzó la consigna de todo para la Sierra, en medio de fuertes tensiones con Ramos Latour. Entre agosto y diciembre de 1957, los fusilamientos cumplieron una función disciplinaria y simbólica en el reforzamiento político y militar de la guerrilla. En esos meses, los choques con el ejército de Batista siguieron siendo escaramuzas, como la toma del cuartel de Bueycito, el combate de Mar Verde o las emboscadas que Camilo Cienfuegos y Efigenio Ameijeiras tendían a las tropas de Sánchez Mosquera. Pero el terror revolucionario, unido a la construcción de panaderías, hospitales, talleres y escuelas, surtió efecto y, a fines del 57, ya los rebeldes controlaban un buen tramo de la costa sur de Oriente.
A 50 años de un fusilamiento olvidado
Aldo Chaviano Rodríguez*
14 de julio de 2013

Nos habían trasladado a 23 presos políticos del Presidio de Isla de Pinos, donde habíamos permanecido cerca de dos años. Era el 12 de julio de 1963.

Estábamos en la torre vieja de Iznaga en Manacas de Iznaga cerca del poblado de Caracusey en la carretera entre Sanctí Spíritus y Trinidad en la provincia de Las Villas. Ya sabíamos del asesinato el día anterior en Las Tinajitas, en plena Sierra del Escambray, de Macario Quintana y Aquilino Zerquera, miembros de nuestra causa y cuyos cadáveres fueron expuestos en el patio donde se celebró el juicio para que los viéramos, como únicos testigos silentes de lo que allí había ocurrido.

El procedimiento estuvo plagado de arbitrariedades e injusticias. El Tribunal presidido por el Capitán Andrés Abeledo Mejías El Pinto, el oficial acusador Luís Felipe Denis y el Fiscal Dr. Humberto Jorge, hablaban incesantemente. Allí se acusó por apariencias, por seudónimos, sin tener en cuenta la identidad personal, por suposiciones, por alegatos basados en investigaciones absurdas, por delaciones de personajes de controvertida procedencia.

Allí únicamente se juzgó a un ejército prisionero por sus acciones de guerra, pero había que escribir un libreto para luego matar y así lo hicieron&

Personalmente fui excluido al declarar mi hermano de lucha Ramón Pérez Monguito que yo no era El Chino (alias) que los comunistas buscaban. El anciano Romayor y yo fuimos los únicos que salimos vivos de los 23 que sacaron del Presidio para juicio en Las Villas; quizás para que contáramos de lo que eran capaces y así contribuir al terror; quizás también por ello hablamos bien poco de lo que allí sucedió al regresar a Isla de Pinos.

Portador de recados personales

Ante la convicción generalizada de que iban a morir, el grupo mostró una actitud firme y decidida. Fui portador de recados personales, de pequeños recuerdos con la encomienda para llevar a familiares. No hubo quejas, ni ocasión ni tiempo para otras opciones, el día fue muy largo y a la vez muy corto por su intensidad.

Al final, la sentencia: 19 condenados a pena de muerte por fusilamiento y dos a 30 años de cárcel. La apelación duró pocos minutos y la sentencia fue ratificada. Nos montaron en un camión militar y los miembros del Tribunal, nos seguían. Nos llevaron a un recodo del camino, algunos me dieron sus últimas recomendaciones.

Era de noche. Aproximadamente a la 1:00 a.m. del 13 de julio de 1963, bajaron a los condenados a muerte, los iluminaron con las luces de los camiones de transporte militar, llamaron a Nando Lima, Zacarías García y a Roberto Montalvo y los ametrallaron. El resto comenzó a dar gritos en contra del comunismo y en favor de Dios y la Libertad, entonces los tirotearon a todos juntos por parte de las tropas y de los miembros del Tribunal; dispararon con ametralladoras, rifles, pistolas y revólveres, aún así Carlos Brunet quedó en pie, todos le tiraron, lo hicieron pedazos; luego los remataron uno por uno.

Seguidamente les quitaron los zapatos y calzaron algunos milicianos que andaban descalzos.

*Natural de Báez, antigua provincia de Las Villas. Número en el Presidio de Isla de Pinos: 28240. Cumplió 26 años y cuatro meses de prisión política con 30 años y seis meses adicionales por una fuga de la prisión de Ariza, Cienfuegos. Es el único sobreviviente de los 23 condenados a muerte en la II Causa del Escambray. Vio fusilar a 19 de sus compañeros de lucha; todos habían estado más de dos años y medio presos entre el centro de operaciones del Hospital de Topes de Collantes en la Sierra del Escambray e Isla de Pinos. Actualmente reside en Nueva Jersey. Este testimonio se publica con la autorización del Comité Internacional de Ex Presos Políticos Cubanos.
Fusilados y cómplices en abril
Haroldo Dilla Alfonso
8 de abril de 2013

Se fusiló a tres cubanos jóvenes que no cometieron hechos de sangre, y de subir el tope de la ignominia se encargaron 27 intelectuales y funcionarios cubanos que produjeron un documento plañidero

En este abril de 2013 se cumple una década de uno de los momentos más deprimentes de la historia postrevolucionaria: la llamada primavera negra. Fue un momento en que Fidel Castro, entusiasmado por lo que asumía como una ola revolucionaria en América Latina y la llegada de los primeros lotes de subsidios venezolanos, decidió erradicar todas las muestras de descontento y oposición que se habían ido acumulando en ese camino de-derrota-en-derrota-hasta-la-victoria-final que él había trazado. El pretexto fue, como ha sido usual desde 1959, cerrar el paso a la amenaza imperialista.

Aunque la primavera negra es recordada sobre todo por el encarcelamiento sin derecho al debido proceso de 75 activistas opositores, quiero enfocar mi atención en otro hecho: el fusilamiento de tres jóvenes negros por el secuestro fallido de una lancha de pasajeros que brindaba servicios en la bahía de La Habana.

Como es conocido, un grupo de once jóvenes participaron en ese acto delictivo el día 2 de abril de 2003, con el propósito de alcanzar las costas de La Florida. Ello implicaba la toma como rehenes de una treintena de pasajeros, incluyendo dos jóvenes extranjeras que se convirtieron para los secuestradores y para la policía en las piezas claves de la negociación. Finalmente la lancha se quedó sin gasolina, lo que movió a los secuestradores a aceptar un acuerdo que solo la candidez puede aconsejar: ser remolcados hasta el muelle de Mariel donde serían reabastecidos de combustible para que pudieran reemprender la marcha al norte.

El resultado fue la captura de todos los secuestradores sin que hubieran producido daño físico alguno a ningún pasajero. El día 8 concluyó un juicio sumario en que los detenidos no tuvieron acceso a un abogado de su elección. Tres Lorenzo Capello de 31 años; Bárbaro Sevilla de 22 años y Jorge Martínez de 40 fueron condenados a muerte, mientras otros fueron sancionados con penas que iban desde prisión perpetua hasta dos años de cárcel. Según la CIDH el estado cubano había procedido a juzgarles y condenarles sin las debidas garantías procesales, y entre ellas por cuanto la tipificación para las ofensas cometidas por las presuntas víctimas (en la ley blandida) no prevé la pena de muerte, sino una pena privativa de libertad.

En el tiempo galáctico de tres días la condenas fueron revisadas por el Tribunal Supremo y por el Consejo de Estado, cuyos miembros se pronunciaron unánimemente por el fusilamiento de los tres jóvenes. Finalmente fueron fusilados el día 11 de abril, sin notificarlo a sus familiares que estuvieron todo el tiempo confiados en una revocación de la orden ni permitir una despedida. Es decir que en 9 días transcurridos entre el 2 y el 11 de abril se decidió, apelaciones por el medio, sobre la vida de tres personas, y se procedió a la ejecución.

El Consejo de Estado basó su decisión, cito a Fidel Castro en una perorata de 4 horas que sucedió al fusilamiento, en los peligros potenciales que implicaban no solo para la vida de numerosas personas inocentes sino también para la seguridad del país sometido a un plan siniestro de provocaciones fraguado por los sectores más extremistas del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados de la mafia terrorista de Miami con el único propósito de crear condiciones y pretextos para agredir a nuestra Patria.

Es decir, que según Fidel Castro se fusiló a tres cubanos jóvenes que no cometieron hechos de sangre, ni segaron vida alguna, para afrontar las supuestas amenazas del Gobierno americano presidido entonces por George W. Bush; por lo que cabe pensar que se tomó una decisión contra ciudadanos cubanos a partir de las actitudes del presidente americano. Quien por esa vía devino actor legal y político interno de Cuba, y Fidel Castro un vulgar plattista que aceptó la fuerza de la injerencia. Y volvió a hacerlo un tiempo después, cuando otros cubanos secuestraron una lancha en la costa norte pero esta vez con hechos violentos más severos, y sin embargo no fueron condenados a muerte porque esa fue la condición que el Gobierno americano puso para devolverlos tras ser interceptados por la guardia costera americana. También en este caso el Gobierno americano impartió justicia y decidió sobre la vida de los ciudadanos cubanos. Y nuevamente los dirigentes cubanos se sumaron al carro del plattismo.

De subir el tope de la ignominia se encargaron 27 intelectuales y funcionarios cubanosque produjeron un documento plañidero en el que declaraban a los amigos del mundo que para defenderse Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba y llamaba a repudiar la gran campaña que pretende aislarnos y preparar el terreno para una agresión militar de los Estados Unidos contra Cuba. Entre los intelectuales aparecen criaturas que nunca pierden una oportunidad de chapotear en el lodo, como son los casos de Silvio Rodríguez, Miguel Barnet y Amaury Pérez. No faltaron algunos funcionarios ilustrados llamarles intelectuales hubiera sido una hipérbole imperdonable como Carlos Martí, Eusebio Leal y Alfredo Guevara. Pero también firmaron figuras de las que uno siempre hubiera esperado, al menos, un retraimiento oportuno, como fueron los casos de Leo Brouwer, Chucho Valdés, Roberto Fabelo, el finado Cintio Vitier, su esposa Fina García Marruz y Marta Valdés.

Lo más aberrante del documento es que achaca la ignominia a Cuba, cuando en realidad solo una parte muy pequeña de ella fue culpable. La mayoría de los cubanos no conocieron del asunto hasta que Granma lo publicó, sin versión contrapuesta y siempre bajo el aviso de una macana policial que se agitó en estos días con más celeridad que nunca. Los emigrados, que también son Cuba, y cuya inmensa mayoría no tiene nada que ver con la metáfora de la Mafia de Miami tampoco fue parte de esa decisión. Y lo más importante, que también los jóvenes fusilados y sus familiares eran parte legítima de Cuba. En consecuencia, no fue solo una decisión criminal a espaldas de una parte mayoritaria de Cuba, sino también contra ella.

Es probable que al paso del tiempo, este hecho esté pesando en las conciencias de quienes decidieron por el fusilamiento sumario de los tres jóvenes negros. Es posible, por ejemplo, que en su deambular como administrador de un hospital sin futuro, Carlos Lage haya pensado en esto, o que lo haya hecho el excanciller cuando redactaba su cartica de arrepentimiento y notó que le faltaba la firmeza de pulso que tuvo cuando firmó la confirmación del crimen. Y es posible que cuando los voceros castrados del autoritarismo miran hacia atrás, también sientan algo de arrepentimiento por haber llamado a los amigos a no sonrojarse frente a la ignominia y el crimen.

Es una suerte para ellos que no tuvieron Bárbaro Sevilla, Lorenzo Copello y Jorge Martínez.

A ellos, nadie les dio la oportunidad del arrepentimiento.


14 de mayo de 2008

El fusilamiento fue perfectamente evaluado: Fidel Castro.
radiografiamundial.com

Desde hace unos días no deja de comentarse la sorprendente declaración de Pablo Milanés al diario español El Periódico acerca del apoyo de los 27 intelectuales y artistas cubanos al fusilamiento en Cuba el 11 de abril de 2003 de tres jóvenes de la raza negra que trataron de escapar de Cuba.

La lista de firmas aprobatorias, por supuesto, es mucho más amplia. Pero como las transiciones deben ser compasivas, se puede considerar que las que se agregaron a partir de la número 28 (ella incluida) obedecieron a la clásica inercia civil con que se transcurre en Cuba: la vida parece un juego hasta que se comprende que no lo es.

Ahora bien, todo parece indicar que el grupo de los 27 lo hizo por convicción o, como dice Milanés, por oportunismo y cobardía. No estamos hablando ya de la censura de un libro, la negación de un premio o el escamoteo de un viaje al extranjero; hablamos ahora de intelectuales y artistas voluntariamente complicados en el fusilamiento de compatriotas cubanos (aquí el singular, como en 1871, es exacto).

Lo único que se puede decir a favor de los 27, aunque no creo que a ningún juez o jurado le valga, es que la idea de fusilarlos no salió de ellos mismos sino de Fidel Castro. Pueden decir, aunque sea más descarado que oportunista, que ya Fidel lo tenía decidido y que se trataba de otra de sus habituales canalladas.

Es fútil y es cierto. El 12 mayo de 2003, en su primera declaración en torno al suceso, Página 12 publicaba estas palabras de Fidel Castro a Miguel Bonasso:

MIGUEL BONASSO: La primera pregunta es obvia: imagino que usted evaluó que habría un generalizado repudio con el tema de los tres fusilamientos recientes&

FIDEL CASTRO: Sí, fue perfectamente evaluado. Es algo demasiado serio como para adoptar decisiones a la ligera. De hecho habíamos establecido una moratoria que duraba ya casi tres años. Fue verdaderamente doloroso para los miembros del Consejo de Estado tener que romper esa moratoria. Esto no se hace sino por causas absolutamente justificadas, puesto que conocíamos el precio de la medida, ya que hoy día -y no les quito razón a los que se oponen a ella- el número de los que piensan de esa forma crece y crece cada vez más, de lo cual realmente me alegro, puesto que compartimos, y por razones profundas, el aborrecimiento a la pena capital.

Pablo Milanés, Pablito, se lavó las manos. Sus manos están limpias. Al menos ellas. No está mal para comenzar.
(Emilio Ichikawa. Escritor Cubano)

Lista de los 27 firmantes iniciales
1-Alicia Alonso.
2-Miguel Barnet.
3-Leo Brouwer.
4-Octavio Cortázar.
5-Abelardo Estorino.
6-Roberto Fabelo.
7-Pablo Armando Fernández.
8-Roberto Fernández Retamar.
9-Julio García Espinosa.
10-Fina García Marruz.
11-Harold Gramatges.
12-Alfredo Guevara.
13-Eusebio Leal.
14-José Loyola.
15-Carlos Martí.
16-Nancy Morejón.
17-Senel Paz.
18-Amaury Pérez.
19-Graziella Pogolotti.
20-César Portillo de la Luz.
21-Omara Portuondo.
22-Raquel Revuelta.
23-Silvio Rodríguez.
24-Humberto Solás.
25-Martha Valdés.
26-Chucho Valdés.
27- Cintio Vitier.

7 Comentarios

  • Buitrago

    La historia, sobre todo la cruda, la que debería avergonzarnos de ser humanos. Nunca tiene suficiente castigo, ni memoria, ni camino, y con camino, me refiero a ese que debería hacernos aprender de los errores.

    01/08/16 03:08

  • Titito

    Por alla en los 70 uno era jovenzuelo y contradictorio y la aventura de unos barbudos zaparrostrosos que se oponian a un tirano, que además era apoyado por la CIA, era terriblemente bien vista.
    El tiempo pasó, uno creció, aprendió un poco de algunas cosas y descubrió que esa aventura era un expèrimento de laboratorio. Cualquiera maneja un pais cuando le compran el azucar a precio de oro y le regalan el petroleo.
    Uno tambien entendió que la represalia de 40 años de bloqueo tiene tan poco sustento como la falta de capacidad de decision que sufrieron los habitantes de la isla durante esos mismos 40 años.
    Finalmente uno se dio cuenta que aquello de que la unica lucha valida es la lucha por la libertad es cierto, pero que la libertad individual esta por sobre las libertados colectivas, una vez que estas fueron obtenidas.
    Y un dia uno tuvo la fortuna de leer "El fin y los medios" de Huxley, donde explica que aquellos revolucionarios que luchan por lograr ciertos privilegios colectivos, son los primeros en convertirse en burócratas que niegan a las nuevas generaciones de revolucionarios nuevos privilegios, tratandolos de contrarevolucionarios y combatiendolos.
    Por eso miro Cuba con cierta tristeza y nunca quise ir de vacaciones alli, auqnue podria haberlo hecho.
    Se en quedó convertida esa revolucion que prometia generar "el hombre nuevo". No necesito tambien verlo.
    Gracias por tu aporte en este tema

    02/08/16 08:08

  • Antigona76

    Che pive, al final todos los barbudos se convirtieron en chetos, la concha de su madre. Todos se fueron andar a cagar,conchudos, malditos mangueros.

    03/08/16 02:08

  • Antigona76

    A todos no les llega el agua al tanque, como decimos acá, todos acabaron cogiendo a todo el mundo y ellos con una cuadra llena de guita.

    03/08/16 02:08

  • Titito

    Gracias por lo de "pibe", pero creo que mi comentario deja claro que hace largo rato que dejé de serlo......
    Me encanta leer en este site textos escritos en mi mismo "idioma".

    03/08/16 02:08

  • Titito

    Ahhh, si queres entender como pienso y en lo que creo, te invito a leer mi texto "Hace 40 años". Besos

    03/08/16 02:08

  • Antigona76

    Lo haré, ché.

    03/08/16 02:08

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