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Autocondena

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Hay días donde dudo sobre mi existencia. Me siento un alma en pena, transitando por la atmósfera. Son momentos, instantes, situaciones en las cuales me elevo y estoy en otro lugar. Me cuesta mucho relacionarme con al gente, creo que no estoy hecha para el contacto. Hay días que me doy cuenta que existo solo por el vapor que dejo en el espejo.
A pesar de ello, mi casa es bastante acogedora, con una ambientación rustica similar a la de los caballeros de la era medieval, del resto de la casa no puedo hablar mucho. No me gustan los muebles, atraen mucha tierra. Es por eso que cedí el living a mi gato, se llama Espartano y no come hace unos cuantos meses, su cuerpo esta desprendiendo un olor nauseabundo Pero supongo que son las consecuencias de las reglas de convivencia, todos las tenemos.
En mi habitación hay mucha pintura, existen días donde me siento inspirada y pinto mi cuarto, una, y otra, y otra, y otra vez.
De niña siempre tuve problemas con la gente, su música, sus ruidos, sus contactos, el intercambio innecesario de bacterias. El hecho de querer ser todos iguales siempre, asistiendo a lugares de moda y vistiéndose elegantes para que absolutamente nadie note su presencia, la mayor parte del tiempo me dan asco.
De pequeña no era muy querida en el colegio, siempre fue aquella chiquilla que es victima de las bromas. Pero no es que me afecte, ahora soy yo quien se burla de sus aburridas vidas, llenas de responsabilidades inútiles. Tienen hijos a quienes mantener, para que luego años después te desprecien d viejo y te manden directo al asilo, si no es que ellos mismos van a cavarle las tumbas.
Las familias son una bazofia, siempre queriendo vivir tu vida y tomar tu éxito, tus ganancias, absorberte como mosquitos en pleno bosque un día de enero. Hasta que no te rasques la ultima picadura no se van a ir los hijos de puta.
Siempre fui muy avara con el tema de los cigarrillos, nunca me quise comprar mi propio paquete con la excusa de cuidar mi salud, y ahora, mírenme... Me encuentro parada, sobre un banco de algarrobo, con una soga atada a mi cuello y es allí donde me doy cuenta que la vida me esta fumando los puchos que nunca fui a la tienda a comprar.
Antunflas15 de septiembre de 2013

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