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Asfixia

Apenas podía pensar en aquel ambiente tan disperso que le hacía olvidarse hasta de quien era. Era una tortura estar allí, rodeado de esos gritos que nunca cesaban, mientras los golpes retumbaban en las paredes.

Más de una vez pensó en abandonar, dejar ese asfixiante ambiente y dedicarse a otras laborales menos estresantes. Pero por alguna razón, seguía allí sin poder escapar, quizás porque las facturas crecían cada día sin poder remediarlo.

Intentó tomárselo con filosofía, aunque el trasiego le hacía estar en constante movimiento, sin apenas un respiro para tomar un café.

A continuación tomó el historial de uno de sus pacientes, era un varón con edad comprendida de entre los 30 y los 40 años, con síntomas de paranoia y ataques de ansiedad. Decidió que lo mejor era tener una breve charla y así tener un diagnóstico más preciso.

-Buenos días-dijo en un tono amigable-¿qué tal se encuentra hoy?
El paciente no respondió, se limitó a seguir allí de espaldas mirando a la ventana y observando los pájaros.
-¿Qué piensa usted? Dígame la verdad. ¿necesito más medicación para que piensen que estoy bien?
-Solo quiero saber si usted se encuentra más tranquilo, para así poder ayudarlo.
-Nadie puede ayudarme porque todos me toman por un lunático psicópata, con lo cual su afirmación es un mero eufemismo.
-Aquí nadie piensa tal cosa, pero necesito que me cuente qué es lo que le ocurre. No soy quien para juzgar a nadie, pero si usted piensa que está bien, puede irse libremente aquí nadie le va a retener.
-Veo que usted es un buen hombre-respondió en un tono más tranquilo- por lo tanto le contaré mi historia, si usted está dispuesto a escuchar.

El paciente se sentó enfrente suya. Rememoró su infancia en una familia tradicional donde todas los veranos iban a un pequeño pueblo rodeado de grandes arboledas. Allí se juntaba con sus amigos, Anthony y David, dos chiquillos mellizos un poco pillos, aunque en el fondo no eran tan malos como parecían.

Los tres se iban a recorrer los bosques, hasta que un día decidieron ir a un río cerca del pueblo.
Anthony quería tirarse desde lo alto del cerro para comprobar si podía volar como lo hacían sus héroes favoritos. Todos le tomaron por locos y le retaron a que lo hiciera simplemente para ver cómo hacía el ridículo.

Con toda su valentía, Anthony se subió al cerro, extendió sus brazos y se lanzó al vacío mientras su voz se hacía eco en medio de la naturaleza, hasta que su cuerpo tocó el agua y ninguno de sus amigos pudo escucharle más.


Ambos amigos gritaban su nombre una y otra vez pero no obtuvieron ninguna respuesta.
-Mi hermano se la va a cargar, si no le encontramos antes de que anochezca nos meteremos en un buen lío.

Al llegar la noche, Anthony seguía desaparecido y no tuvieron más remedio que contárselo a sus padres para que hicieran algo al respecto. Por supuesto, los niños recibieron su merecido castigo por ser unos temerarios.
Los padres de Anthony llamaron a la policía y se llevó a cabo de una orden de búsqueda por todo el pueblo.

Pasaron los días, las semanas, los meses y todo seguía igual; Anthony seguía desaparecido sin que nadie pudiese hacer nada.

David se volvió un ser solitario, apenas quedaba rastro de aquel muchacho alegre que encandilaba a todos con su sonrisa, todo eso se había desvanecido aquel verano que marcó la vida de todos.

-¿Y qué pasó después?
- Lo último que supe de David es que se fue del país-contestó el paciente.
-¿Y ese recuerdo le persigue todavía?
-Siempre me perseguirá, por más que he intentado olvidarlo, jamás encontramos a Anthony con vida y creo que nunca lo haremos. Murió delante de nosotros y no pudimos hacer nada.
-¿Nadie volvió a buscarle?
¿Quién quiere buscar a un muerto?-de repente su tono se volvió melancólico, como si quisiera volver atrás para obtener una respuesta.

Al día siguiente, volvió a ver su paciente. Apenas pudo dormir la noche anterior. En sus sueños, se vio de niño, observando como aquel pequeño se lanzaba al agua para no volver jamás.
-Buenos días-interrumpió el silencio de la habitación-¿Qué tal se encuentra hoy?
-Eso que importa ahora-respondió-tengo algo importante que contarle.
-¿Qué ha ocurrido?
El paciente camino de arriba hacia abajo con la cabeza gacha, farfullando para sí mismo como si nadie estuviese allí presente.
-He vuelto a verle, y sé dónde está. Ahora lo sé muy bien.
-¿Dónde está su amigo?
-Acérquese y comprobará que lo digo que es cierto.
Se acercó con prudencia. Sabía perfectamente que su supuesta verdad era una invención creada por su mente, pero quería comprobar hasta dónde podía llegar.
-¿Ves aquellas montañas que están tan alejadas? Está allí, nuestro amigo Anthony, mientras nosotros estamos aquí sin poder hacer. Maldita sea mírame- ordenó con violencia.
-Tranquilícese o me veré obligado a llamar a seguridad.
-Fijate bien en mi cara David-ordenó-, yo soy tu amigo de la infancia ese que olvidaste tan pronto.
-A usted no le he visto nunca, no sé qué pretende con todo esto.

El paciente esbozo en su rostro una leve curvatura y soltó alguna que otra carcajada, mientras el médico observaba con absoluto espanto aquel espectáculo bochornoso.
Inmediatamente salió de la habitación, y a medida que se alejaba sintió una sensación agridulce, necesitaba descifrar los misterios que rondaban por la cabeza de aquel hombre...
27 de noviembre de 2017

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1 Comentarios

  • Mayoazul

    Una página de una novela, tal vez algún día libro.

    27/11/17 06:11

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