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Habitación

De nuevo me encontré con una realidad mucho más dura de lo que me esperaba, era como si ya lo supiese aunque no quisiese verlo, como si todo hubiera sido un mal sueño y pronto despertaría de mi infierno particular.
Observe alrededor y sentí la fría soledad que recorría todos mis huesos y se metía hasta mis adentros hasta límites insospechados. Todo aquello lo conocía tan bien que apenas me abrumaba.
Retire las cortinas y miré las vistas desde la ventana. Sin duda, era un paisaje de ensueño. El aire y la tierra se entremezclaban sin pudor, mostrando el poder de la belleza y enseñando que la naturaleza forma parte de la vida aunque muchas veces lo olvidemos.En ese instante me enamoré de esa imagen que me tenía totalmente hechizado a pesar de que hubiese tenido un día nefasto.

A continuación me giré, y me topé de nuevo con aquella habitación llena de detalles que se enmudecía con el silencio que reinaba. No había nada, estaba todo vacío, ni siquiera aquellos muebles podían llenar el vacío que empezaba a odiar inconscientemente.
Pero lo peor de todo era la cama vacía con la maleta que deje encima antes de marcharme a trabajar. Supe que no habría ningún beso de buenas noches, ni siquiera unas palabras de aliento que me dijesen todo está bien, mañana será otro día, ni tampoco unas caricias que me tranquilizase. No había nada ni lo iba a ver por más que lo desease con todas mis fuerzas.

Comprobé si tenía algún mensaje en el teléfono móvil, pero la mayoría se trataba de asuntos de trabajo como si todo mi mundo se hubiera convertido en eso.
Abrí una pequeña nevera que se encontraba al lado de la televisión y cogí una botella de vino. No me hizo falta ninguna copa porque directamente paso de mi boca a mi garganta de una vez, y así un par de veces sentado sobre la cama viendo aquel paisaje que me iba acompañar en esta noche tan larga.
Mi garganta sintió aquel líquido rojizo que tanto empezaba amar, que tanto deseaba y quería que nunca se acabase. Mi mayor placebo se encontraba ese maldito objetivo de cristal que agarraba con todas mis fuerzas, aunque supiese que no iba a durar para siempre. Pero no me importaba, lo quería de verdad, quería que fuese una parte de mí aunque al día siguiente tuviese un gran dolor de cabeza.

En ese momento me encontraba yo y mi botella, mi botella y yo, que importa el orden si quería dejar de pensar, de sentir todo aquello que me estaba matando.
Cada día fingía una vida feliz llenándola de cosas materiales, de ropa cara, sonrisas falsas que mostraba por compromiso a pesar de que en cualquier momento podría romperme y mostrar mi verdadera esencia. Tenía que seguir dando la imágen de hombre éxito, que podía tener todo con un solo chasquido, con el automóvil de último modelo, la ropa más cara ,y que por supuesto, fuese de marca; porque ese era yo, un mero títere del sistema que me consumía cada día. Y para alimentar a mi propio ego, tenía que trabajar en algo que poco a poco estaba dejando de apasionarme para convertirse en una necesidad y seguir con una vida repleta de mentiras.

Si me preguntasen ahora mismo cómo estoy, mi respuesta hubiera sido que me encuentro de maravilla y que todo mi mundo es perfecto, que no echo nada en falta y que quiero que siga como hasta ahora. Pero ahora que estoy solo, en esta habitación de hotel sin nadie a mi alrededor, podría responder con toda sinceridad. No estoy bien, todo mi mundo se está desmoronando, nadie se encuentra en esta cama por más que lo desee, por más que esta noche necesite la compañía de alguien que me ame o finja hacerlo,que estoy harto de la ropa de marca y que preferiría ir como un maldito vagabundo antes que llevar esta ropa que me oprime cada día, que estoy harto de mi automóvil y desearía poder cambiarlo por una bicicleta para recorrer los caminos que aún me quedan por descubrir, que me aflige un trabajo que lo ejerzo para alimentar un mundo que me absorbe de una manera que no puedo remediar y que no puedo romper el mil pedazos; que no puedo escapar de una rutina que se está adueñando de mí y que apenas puedo respirar, que quiero seguir con esta botella y ser parte de ella, nadar por sus rincones y dejarme llevar por este oro que ya forma parte de mis entrañas.

Aquí sigo, ahora convertido en un maldito borracho, busco otra botella y esta vez me da igual su color, solo quiero sumergirme en este placer que a poco a poco me nubla la vista y mis pensamientos se diluyen en mi garganta. Necesito dejar de pensar, ser mi propio fantasma y ver cómo se va todo a la deriva, porque así encuentro un poco de paz y mi fantástica vida se va por el desagüe.
Sigo bebiendo y bebiendo, para mí no hay un límite entre el bien y el mal, porque todos somos unos malditos bastardos, y yo, el ejemplo más claro.
El alcohol empieza hacer efectos sobre mí y me desplomo sobre la cama mientras acarició las sábanas. Me hubiese encantado que ahora mismo estuviese alguien aquí, para revolcarme y cubrirme de besos que a la mañana siguiente hubiera olvidado, porque ya me ha pasado más de una vez. A veces necesitas que alguien te ame aunque sepas que no lo hará, y tu lo buscas incansablemente aunque te destruyas a ti mismo. Todo se vuelve efímero, una mentira tras otra, y tu espalda se va llenando de un peso que se vuelve insostenible.

Mis párpados comienzan a pesar y dejó caer la botella al suelo junto al resto de las otras, por fin he conseguido lo que quería, volver a ser yo al menos por esta noche. Sólo por hoy.
25 de octubre de 2018

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9 Comentarios

  • Regina

    Buenísima historia, me ha encantado leerla, te felicito.

    Saludos muy cordiales.

    25/10/18 03:10

  • Beatrix

    Muchas gracias Regina por tu comentario, me alegro de que te haya gustado.
    Un saludo cordial.

    25/10/18 10:10

  • Clopezn

    Sin duda una buena dosis de realidad.Buen relato. Un saludo cordial.

    26/10/18 12:10

  • Remi

    Me encanta tu relato Beatrix, es un ejemplo claro de una vida insatisfecha, basada solo en acumular cosas. El protagonista se hunde en el alcohol por no sentirse querido.
    Un abrazo.

    26/10/18 08:10

  • Beatrix

    Muchas gracias por vuestros comentarios Clopezn y Remi, me alegro que os haya gustado este pequeño relato que escribí.
    Un saludo cordial.

    26/10/18 10:10

  • Diegozami

    Beatríz, ya sabes que me gusta como escribes. En este caso has llevado muy bien el relato. Prueba de ello es que el final llego muy rápido.
    Detrás de unas cuantas copas, dicen que se esconde, la verdad de todo.

    Un saludo siempre.

    27/10/18 06:10

  • Beatrix

    Muchas gracias por tu comentario Diegozami, a veces nos refugiamos en el alcohol para olvidar nuestros problemas.
    Un saludo cordial.

    27/10/18 10:10

  • Azuldiferente

    Curioso yo he entrado aquí sintiendo lo que tu publicas. Tal vez sea el tiempo, la lluvia, no lo sé, pero me siento igual que tu relato.

    31/10/18 09:10

  • Beatrix

    Gracias por tu comentario Azuldiferente. Espero que todo te vaya bien y te sientas mejor.
    Un abrazo.

    01/11/18 10:11

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