La Carta

Publicado por Beatrix el 24 de octubre de 2017.
La tenue luz del anochecer entro por la ventana, mientras un hombre sentado frente a una cuartilla de papel en blanco y una pluma, rebusco en su cabeza ideas para comenzar, para desatar lo que llevaba dentro:

Desde hace tiempo mi locura transitoria ha ido creciendo por momentos. La rutina del día a día me lleva a tener algo que consiste en lo mismo una y otra vez. No hay tregua, ni siquiera hay escapadas al campo o la montaña, y sentir el aire fresco en todo mi cuerpo.
Las palabras no descansan, las letras necesitan salir a luz como los sonidos que emitimos por la boca para comunicarnos y entablar relaciones con los seres humanos.

Siento la presión constantemente de ofrecer al mundo algo que merezca la pena, y no quede en el olvido, o en su defecto, relegado a un personaje que toco la fama y bajo a los infiernos en un abrir y cerrar de ojos.
Es por ello, que me veo en la obligación de escribir esta carta, de sacar la frustración que llevo dentro.

Cuando era más joven, escribía fábulas sobre animales que aportaban valores para la vida. Uno de ellos consistía en un cisne que sentía envidia de un pato, por el simple hecho de que el pato se ganaba la simpatía de todos mostrando su amabilidad. El cisne quiso echarle del bosque, pero para asombro de todos, el pato reacciono de manera tranquila y le contesto con una breve frase: cuando dejes de lado tu vanidad, podrás ver más allá de tu envidia.
El cisne se fue entre las aguas, pensativo por aquellas palabras tan sentidas y llenas de verdad. De nuevo regreso, y tomo la decisión de abandonar el bosque, no sin antes pedir perdón.
El pato y los demás animales pidieron que se quedase, había sitio para todos. Al escuchar esto, el cisne decidió quedarse, y esta vez el pato tomo la palabra: has demostrado que tienes corazón, pero más te honra haber rectificado tus errores.
La triste realidad es que el cisne hundiría al pato, lo boicotearía con el pico y esparciría sus restos por las aguas del bosque, bajo un manto de sangre.
Pero mis ideas no desistían, y quería contribuir a un mundo mejor, con un mensaje optimista y que calasen en lo más profundo del ser humano.
Esta predicción no se cumplió, solo se limitaron a darme la enhorabuena por un cuento perfecto para niños.

Desistí de esta idea tan paupérrima, y me adentre en un mundo más maduro. Redacte un par de novelas románticas, donde el protagonista conseguía al objeto de deseo, tras una ardua tarea de obstáculos y piedras por el camino.
La idea funciono y gane dinero durante un tiempo, pero tras estirar esta idea, no me quedo más remedio que abandonarlo.
Fue como la historia de Romeo y Julieta, ambos muertos por una pasión que nadie comprendía. En mi caso, la historia de amor se fue por el desagüe de la calle.
Pero no me quede ahí, de nuevo mi cabeza dio vueltas y sentí la necesidad de reflejar la realidad del día a día.

Indague y conseguí un par de historias que me calaron muy adentro. Pequeños empresarios convertidos en mendigos, sirvientas que trabajaban de sol a sol, ladrones de guante blanco que robaban en puestos de fruta para poder comer, y así una cadena que nunca acababa.
A través de estas historias me sentía útil, por fin iba a utilizar mi talento para un fin que serviría a la humanidad, o por lo menos para que alguien se diese cuenta.
A un par de editoriales les gusto mi idea, y decidieron sacar al mercado un par de ejemplares.
No estuvo mal, pude ganarme la vida con estas historias. Pero el tiempo avanza, y la literatura cambia constantemente. Esta vez la editorial me pidió que redactara novelas de misterio, que inspiraran terror y fuese algo sobrenatural.
Cedí ante esta petición. Al fin conseguí la fama, en todas partes me reclamaban, querían mi presencia a toda costa, todos alababan mis libros por encima de cualquier cosa.
Cuando quise darme cuenta, me había convertido en un producto literario, en un escritor sin alma que seguía los dictámenes de los poderosos. Me sentía como una hormiga a punto de ser aplastada por un zapato gigante.

Por eso hoy, me anime a escribir esta carta y confesar que antes de que el zapato me matase, me transforme en un monstruo y asesine al zapato.
Ya no soy un escritor, soy un vulgar asesino que vencido por las exigencias de los gigantes, acabe con ellos antes.
No me arrepiento, pude ver como su sangre estaba a mis pies mientras pedían piedad. Pero ellos nunca tuvieron compasión conmigo, ¿por qué lo iba a tener con ellos ahora?

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6 Comentarios

  • Picaso

    Es una idea excelente muy bien plasmada.

    24/10/17 10:10

  • Beatrix

    Muchas gracias Picaso. Un saludo

    24/10/17 11:10

  • Azuldiferente

    Coincido con el compañero.

    24/10/17 11:10

  • Beatrix

    Gracias azuldiferente por tu comentario. Un saludo

    25/10/17 12:10

  • Remi

    Muy buena historia Beatrix, es tan importante sentirse libre en todos los ámbitos.
    Un beso.

    25/10/17 10:10

  • Beatrix

    Muchas gracias Remi, hay que estar realizado con lo que uno hace. Un saludo

    25/10/17 11:10

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