Perdido

Noté como unas leves gotas rozaban mi rostro y en ese momento me di cuenta de que el tiempo no me iba acompañar, mientras corría lo más rápido posible.

Me adentré en un túnel y a continuación subí por unos peldaños metálicos que se movían de arriba hacía abajo y viceversa. A decir verdad, su mecanismo era bastante lento con lo cual entorpecía mi camino. A eso había que añadirle la manada de transeúntes mirando fijamente sus pantallas brillantes y otros elevando la voz para que la otra persona que estaba al otro lado pudiese escucharles.

Intenté ponerme en el lado derecho, pero algunos ocupaban todo el peldaño con lo cual tenía que pedir constantemente disculpas para poder pasar.
Cuando por fin llegué a las vías, la manada se disipo. Era un alivio tener algo de tranquilidad en aquella jauría.

A continuación miré aquel cartel luminoso en busca de alguna información que me fuese útil, pero lo único que encontré fue una pantalla en negro.
Maldita sea pensé al descubrir que quizás había llegado tarde y que no tenía la opción de coger ningún tren.

Fui de un lado para otro canturreando una canción inventada para romper el silencio.
-Próximo tren está a punto de estacionar

Ese maldito sonido metálico con incongruencias me molestaba los oídos, pero al menos sentí algo de alivio al saber que podía volver a casa.

El tren pego un frenazo en seco y a continuación las puertas se abrieron.

Busqué un asiento pero algunos estaban sucios. Al fin encontré un sitio donde sentarme aunque tenía la tela rota por los costados.
Miré hacía el lado del cristal, las luces eran el elemento predominante en aquel paisaje nocturno.
A continuación saque de mi bandolera un libro pesado que estaban leyendo desde hacía un par de días. No recordaba su título porque la sobrecubierta se había perdido, pero se trataba de un par de muchachos que vivían mil peripecias en una época convulsa en los Estados Unidos.

La lectura me absorbió de tal manera que no me di cuenta de que había dejado pasar mi parada. Pensé en bajarme en la siguiente estación, tomar el camino contrario y volver a la locura.
Cuando se detuvo el tren, las puertas se abrieron . Todo el mundo bajaba y subía mientras intentaba esquivar sin mucho éxito. Cuando me di cuenta el tren ya había cerrado las puertas.

Me sentía perdido pero intenté mantener la calma. Miré el teléfono móvil para buscar otras opciones de ruta pero la cobertura se iba por momentos y mi conexión iba un poco lenta.
Tomé otra opción aunque me resultaba más tediosa, y no porque fuese un ser antisocial , sino porque me volvía loco con tantas respuestas dispares.

Toqué levemente el hombre de una muchacha con larga cabellera rubia absorta en unos papeles subrayados con fluorescente.
-Perdona, ¿puedo preguntarte una cosa?
Apenas me miró y di por entendido que no me iba a contestar. De nuevo recorrí aquel largo pasillo en busca de alguna solución pero nadie me contestó, era como si nadie pudiese oírme.

Regrese a mi sitio y me di por vencido. A continuación, el traqueteo hizo que me relajase hasta el punto de que mis parpados poco a poco pesaban cada vez más.

-Fin del trayecto. Gracias por viajar con nosotros.

Aquella voz me sobresalto. Me había quedado dormido y no me había dado cuenta. Esta vez la manada no era tan abundante, así que cogí mis cosas con la pena de que me esperaba un largo viaje.
El pitido de la puerta resonó en el tren. Justo cuando iba a salir algo hizo que todo cambiase.

-¿Hay alguien ahí?-grité una y otra vez pero no sirvió de nada.

De repente escuché unos pasos y vi acercarse un hombre vestido de uniforme revisando para que no hubiese ningún pasajero.

-Perdoné me he quedado encerrado, ¿puede ayudarme?
Pero aquel hombre paso de largo sin decir una sola palabra.

A continuación sonó una melodía.
-He comprobado el tren y no hay nadie, además está todo correcto-respondió el hombre por teléfono-Lo sé, fue todo una pena todo lo que paso pero hay que seguir adelante con nuestro trabajo, no nos queda otra.

Aquel hombre se alejo hasta que el tren se sumergió en la más absoluta oscuridad.

Me fije de un periódico que uno de los pasajeros se había dejado en un asiento.
Trágico accidente de tren. Entre las víctimas se encontraba Philips Murray de 30 años

Esto solo era el principio...

31 / marzo / 2018

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6 Comentarios

  • Diegozami

    Me gusto mucho tu manera de narrar, me paso muy rápido el viaje, y el final muy bueno.

    Eres muy particular en tus textos, muy bueno.

    Saludos gentiles.

    01/04/18 03:04

  • Beatrix

    Muchas gracias Diegozami, me alegro de que hayas disfrutado del viaje.
    Un saludo

    02/04/18 02:04

  • Remi

    Me encanta tu relato, he estado leyendo intrigada hasta el final, me quedé con ganas de más. Me gusta mucho como lo has relatado.
    Un beso Beatrix.

    02/04/18 11:04

  • Beatrix

    Muchas gracias por tu comentario Remi, me alegro mucho de que te haya gustado.
    Un beso

    02/04/18 10:04

  • Voltereta

    Una historia interesante, que nos muestra que el final no es más que el principio. Me ha recordado la simbología de la muerte para los cristianos.

    Buen texto.

    Un saludo.

    09/04/18 11:04

  • Beatrix

    Muchas gracias por tu comentario Voltereta. No he escuchado la simbología de la muerte para los cristianos, pero le echaré un vistazo.
    Un saludo

    10/04/18 10:04

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