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Vida y Muerte

Eran la vida y la muerte mezclados en un éxtasis de lujuria y desenfreno para respirar por última vez el oxígeno de la naturaleza y tocar el rocío de la mañana. Era una sensación indescriptible llena de matices que nadie comprendería o me tomarían por loco.

A la muchedumbre mundana solo le gusta las banalidades impuestas por los demás, como borregos sin alma. Sin embargo, yo, un viejo decrépito enamorado de las cosas que nadie puede apreciar me despreciaban por ser diferente a ellos.
Esos seres amantes de la embriaguez y el placer carnal, no se daban cuentan de que el verdadero placer provenía de otros sentidos.
No negaré haber probado esas experiencias que me provocaron algún que otro goce, pero nada comparable con aquel día. Fue maravilloso, el culmen de la belleza extrema.

En mi lecho, yacía una mujer con los senos al aire y entre sus dedos absorbía continuamente un cigarro sin medida. No era del todo hermosa, pero tenía un sentido del humor magnífico a pesar de que en su día a día debía protegerse de sí misma.Me gustaba conversar con ella, a sabiendas de que tenía que pagar por ello, pero no me importaba, lo hacía con gusto.
-Cuando quieras repetimos querido-esbozo una sonrisa mientras se vestía con dificultad porque apenas una leve luz iluminaba la habitación.
-No lo dudes-dije de forma sutil a mi amante que se desvanecía con cada amanecer.
Se despidió con un beso en los labios.

De repente se formó un gran estruendo. Abrí la puerta pero no vi a nadie y la oscuridad envolvía el ambiente. Inmediatamente fui a por una vela para poder investigar mientras me agarraba a la barandilla con la otra mano.
-Kate, ¿qué te pasó amada mía?-estaba postrada en uno de los escalones con las piernas torcidas y emanaba mucha sangre de su cabeza.
Abrió los ojos y me miró fijamente sin decir una sola palabra porque ya lo estaba diciendo todo. Supe enseguida que no volveríamos a estar juntos en la misma cama.
A continuación arrastre su cuerpo para apoyarlo sobre la pared y la eché sobre mis hombres para posarla sobre mi cama.

Observe a Kate, mi amada, mi prostituta favorita, mi amiga, su último soplo se fue para siempre. Entonces me fije en ese fluido rojo que aún brotaba de sus piernas. Toque su sangre aún caliente y acerque mis dedos para comprobar a qué olía.
Después de tanto tiempo sin que ese oro rojo recorriera mi garganta, era un milagro que estuviera entre mis manos.
-Perdóname Kate- le hice una caricia sobre su rostro- pero esta noche me darás lo que tanto tiempo llevando, anhelando.

Y así fue como su sangre alimento mi espíritu para empezar un nuevo comienzo...


03 de octubre de 2018

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2 Comentarios

  • Clopezn

    Me ha gustado tu relato. Un saludo cordial.

    12/10/18 01:10

  • Beatrix

    Muchas gracias por tu comentario Clopezn. Un saludo.

    14/10/18 09:10

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