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MÁs Madrugadas

Siguió el ritual de todas las noches antes de acostarse. Se cercioró de que la puerta estuviese cerrada con llave, la calefacción y las luces apagadas, y cerró la puerta de su cuarto.
Y ya en el baño, lo mismo que todas las noches: limpiar la cara con cuidado, darse el tónico, la crema de contorno de ojos, el sérum, la crema de noche…cada día la parafernalia constaba de más herramientas y duraba más. Sabía que la batalla estaba perdida de antemano, pero quizá con esos gestos las arrugas llegasen más despacio.
Y antes de meterse en la cama se tomó dos pastillas para dormir. Sólo lo hacía cuando él no estaba, y aun así sabía que no dormiría bien. La cama era tan grande para ella sola que se arrinconó en una esquina y se abrazó a una de las almohadas esperando que el sueño llegase. Y no tardó en hacerlo. Las pastillas cumplían siempre su cometido, al menos hasta las cuatro o cinco de la madrugada. Entonces, inevitablemente, siempre despertaba. Y al hacerlo extendía la mano esperando encontrar al lado su cálida presencia. Aunque estuviese dormido se acercaba a ella en sueños, la tocaba apenas y ella se calmaba y volvía a dormirse acurrucada en su calor. Pero esta noche, al extender la mano, la cama seguía vacía, y ya se despertó del todo.
La radio calmaba su ansia y la ayudaba a pasar las horas que la separaban de las ocho y media de la mañana. En ese momento marcaba un número de teléfono y sólo con escuchar su voz…sabía que todo estaba bien. Era otro día estupendo para compartir. Ya sólo quedaban diez u once horas para estar juntos de nuevo. Y la siguiente noche no temería despertarse a las cuatro, a las cinco o a las seis. Sabía que él estaría allí para dar calor a sus pies helados, pero sobre todo a su corazón, que también había estado helado durante demasiado tiempo; a veces pensaba que durante una vida entera.
BethPublicado el 10 de noviembre de 2014
Archivado en madrugadas

2 Comentarios

  • Exclaustris

    Las madrugadas solitarias nos acercan a la soledad, pero solo a la soledad que ya llevamos dentro, igual que las arrugas que son ese algo paulatino que proviene del alma. Al insomnio hay que tratarlo bien, hay que dejarle hacer y cuando estés acompañada desvelarte sobre el cuerpo de la persona amada es un placer silencioso pero gratificante.
    Una bonita emoción la que cuentas que creo todos hemos sentido, pero en el fondo esas soledades temporales al final acaban acercando.

    Un beso,

    Pep

    11/11/14 11:11

  • Beth

    Gracias por la lectura Pep. Así es...al insomnio hay que verle como amigo porque en caso contrario es infinitamente peor. Un beso

    11/11/14 12:11

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