La HabitaciÓn Del Adios

Publicado por Beth el 02 de febrero de 2012.
Lo primero que el recepcionista del hotel vio de ella fueron unas enormes gafas negras bajo un sombrero de terciopelo granate. Su cara era tan pequeña que apenas se apreciaba nada más. Pero era una vieja conocida ya y el chico le entregó la llave de la misma habitación de siempre. Sonrió apenas al recogerla y subió con paso firme. El portero la había visto salir de un taxi, como cada jueves, y le hizo un guiño socarrón al chico que se afanaba detrás del mostrador. Era nuevo en el puesto y todavía no se atrevía a hacer bromas con los demás empleados a costa de los clientes.
El la esperaba ya, con su bata oscura y dos copas de champán. No se besaron, solo se acariciaron con la mirada y sin decir palabra ella se desnudó de camino al baño, al tiempo que él se despojaba de la bata y entraron a la vez en la bañera. Como dos viejos amantes se acomodaron despacio; ella de espaldas y él rodeando su pecho y su cintura. Estuvieron así mucho rato, sin hablar; solo acariciándose y escuchando aquella canción que sonaba una y otra vez...
Hicieron el amor despacio, sin prisas, como si tuvieran todo el tiempo del mundo pero a la vez con la premura de los que se aman por encima de todo. Había en sus caricias una cierta urgencia que les hacía desear entrar el uno para siempre en el otro, fundirse en una sola persona y latir con un solo corazón. Las manos exploraban territorios conocidos, viejas cicatrices de una cesárea; otra en el hombro masculino de una operación de juventud. Después de cuarenta años juntos había pocas cosas que el uno no supiese del otro. Y aún así cada vez era distinta a las demás y sabían encontrar la manera de asombrarse todavía el uno con el otro.
Yacían juntos, saciados ya de amor, con las manos unidas sobre aquella colcha blanca como el traje de una novia. Y en cierto modo esta era como su noche de bodas; la que nunca habían tenido a pesar de toda una vida compartida. Ella se había puesto un camisón rojo, el color de la pasión y el amor, el color con el que le había enamorado, y se había peinado y dado brillo en los labios. El llevaba un pijama nuevo, de seda color chocolate, y sonrió cuando su amante acarició, como solía, sus sienes canosas. Bebieron ambos de la misma copa, la apuraron hasta el final.
Al día siguiente la camarera del turno de la mañana entró para hacer la habitación y se quedó sorprendida y avergonzada al ver que la cama estaba ocupada. Pero su inicial azoramiento dio lugar a la preocupación. Aquella pareja mayor que venía cada semana sin falta desde que se inauguró el hotel, hacía ya casi medio siglo, parecía tan quieta... Todos hablaban de ellos y eran una especie de leyenda que iba pasando de boca en boca a través de las generaciones de empleados. Se acercó con algo de miedo y al poner la mano en el hombro de la mujer el frío de la muerte la traspasó y cuando más tarde estaba en el despacho del director hablando con la policía no era capaz de entrar en calor.
El subdirector se mostró muy preocupado de que el hecho de aquel suicidio saliese a la luz, pero cuando la dueña del hotel, una octogenaria con la mente muy lúcida y la sonrisa de una mujer de treinta años leyó la carta que habían dejado, se limitó a sonreír y a decir que era la mejor publicidad para su casa. Le habían hecho un honor decidiendo que esa habitación de hotel donde se habían amado durante toda una vida fuese también el sitio elegido para morir. Los jóvenes no lo entendían, pero ella si; ella podía entender que no se quisiese seguir viviendo con medio corazón si la otra mitad dejaba de latir.
¿Quién decía que las habitaciones de hotel son frías y sin vida? Seguro que no conocía su hotel ni a aquella pareja de viejos enamorados.

19 Comentarios

  • Silvana

    El amor y sus expresiones tan impensadas! Una historia tierna y llena de esperanzas para los que recién empezamos a amar.
    Cariños.
    Sill

    03/02/12 01:02

  • Beth

    Gracias Silvana. Si, los viejos amores pueden ser a veces una lección

    03/02/12 11:02

  • Jucatohi

    Delicioso y encantador relato. Lo he disfrutado y me ha conmovido.
    No he podido por menos que traer a la memoria uno de mis sonetos preferidos de Quevedo, "amor constante más allá de la muerte".
    Ese es el que en el fondo anhelamos, al menos yo, y textos como el tuyo lo refrescan.
    Un placer.
    "Su cuerpo dejará no su cuidado;
    Serán ceniza, mas tendrá sentido;
    Polvo serán, mas polvo enamorado."

    Un afectuoso abrazo.

    03/02/12 12:02

  • Buitrago

    Muy lindo, tierno.... si Beth, precisosas lecciones
    un abrazo y mas ahora que hace fresquito

    Antonio

    03/02/12 01:02

  • Beth

    Exactamente, Juca, polvo enamorado, eso es el sentimiento que yo quería transmitir, el no deseo de seguir sin esa persona. Un abrazo y mi agradecimiento

    03/02/12 01:02

  • Beth

    Gracias Antonio, me viene muy bien el abrazo, desde luego que si. Otro para ti

    03/02/12 01:02

  • Laredaccion

    Beth, me ha gustado mucho la historia que nos regalas hoy, por el sentimiento tan sincero que atesora; y además me enganchó el relato desde su comienzo, se lee con interés de principio a fin. Felicidades, buen trabajo.
    Un abrazo cálido.

    03/02/12 09:02

  • Beth

    Muchas gracias Esteban. Lo escribí ayer por la tarde para presentarlo a un concurso pero al final no pudo ser, porque...misterios del marketing y todo eso que me es tan ajeno, era condición sine qua non el haberse alojado en el último año en determinado hotel. Pero una vez escrito...me pareció bien compartirlo.

    Otro abrazo para ti, cálido también aunque confieso que todavía no me acostumbro al cambio desde las Afortunadas al frío norte y me paso la vida congelada

    03/02/12 09:02

  • Endlesslove

    Beth
    ¡Un amor para siempre! No han querido desprenderse, que hermosa y conmovedora historia, estoy feliz de haberla leído. Gracias por tanto sentimiento, yo también he recordado “amor constante mas allá de la muerte”
    Un amor que dio sentido a la vida y quisieron darle sentido también a la muerte…
    Un abrazo, y gracias de nuevo por regalárnoslo.

    03/02/12 10:02

  • Beth

    Yo soy la agradecida, querida Susana, a quienes lo habéis leído y comentado. Supongo que esos amores existen; es más, lo afirmo, así fue el de mis bisabuelos, que pasaron juntos 63 años y se murieron con pocos meses de diferencia. Un beso

    03/02/12 10:02

  • Beth

    Querido Democles, tengo cuatro mil defectos y unos cuantos más, pero entre ellos no se encuentran la doble cara ni la falta de sinceridad. Aunque, espera...igual la sinceridad es en realidad mi mayor defecto. En todo caso, mi cariño y aprecio por ti es sincero, siempre. Un beso

    04/02/12 12:02

  • Elisa2010

    BETH,,, te admiro y te doy mil grasias por pasar por mis textos y comentarme heres jenial y te agradesco con sinseridad tu amables comentarios tu sabes que cuanto alos tuyos son lindos y vien escrito y te felisito de corazon te mando un saludo y espero berte por mi morada otra bez un abraso

    18/02/12 08:02

  • Beth

    Muchas gracias por su lectura, Elisa. Un gran abrazo

    18/02/12 09:02

  • Alumine74

    Completamente encantador tu relato, me encanto.
    Con ese trasfondo de amor profundo que me invita a comentarte al instante Beth!!!!
    Un placer leerte!!!
    Un abrazo
    Bellisima creación

    18/02/12 11:02

  • Beth

    Gracias Alumine. Pienso que todavía hay gente, por suerte, que siente el amor en toda su pureza. Un abrazo muy cariñoso para ti

    18/02/12 11:02

  • Danae

    Amor y muerte hermanados ... Es seguramente en ese hermanamiento donde al amor se le dé las alas de la eternidad.
    Un relato muy bien contado, y lleno de tiernos detalles.
    Un gran abrazo, amiga.

    19/02/12 09:02

  • Beth

    Supongo que no es la más acertada de las combinaciones, querida Danae, pero en ocasiones cuando dos personas se aman mucho el uno no soporta estar sin el otro. Besos

    19/02/12 11:02

  • Serge

    Beth:
    Amita, esta historia de hotel me encanto. Ese cuarto quedara impregnado de amor por toda la eternidad.

    Un gusto leerte.

    Serge.

    23/02/12 10:02

  • Beth

    Los grandes amores, gatito mío, sobreviven a la muerte,siempre. Esa es la grandeza del amor

    23/02/12 10:02

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