El Escenario de la Precocidad

Publicado por Bierrodot el 07 de diciembre de 2017.
Punzante pecho, corazón sin jaula, imágenes que se tiñen de carmín apasionado y aliento desmesurado. Contra esa línea de sentimientos intrínsecos, la dama va y viene.

No es de esas que culpan a las penurias, ni a los pasajes cadavéricos de sus madres; es sólo cuerpo y voz, un regalo y vino tinto.

Se ciñe la ropa, como si las patatas no cupieran en el costal. Su cara de licor amargo y su entrepierna de azucarada piel.

Anda por las plazas del pueblo, por los jardines y parroquias, con tanta fe en sí misma, que denota la obvia necesidad muerta de creer en dios.

Empezó en el balcón de su casa, a los doce años. Terminará quizá semienterrada bajo el patio de un poderoso sádico o sobre el cuello de aquellos que la señalan.

Por el momento sólo camina, imaginando que bebe la algarabía de la falta de cariño de sus clientes.

Caliente y luminosa, como rayo de sol. Insípida y estúpida, como el antojo de quien la voltea a ver con el morbo en sus pupilas.

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1 Comentarios

  • Remi

    Sorprendente tu texto, me gusta mucho como lo has escrito.
    Un saludo.

    07/12/17 04:12

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