Funesta Honestidad

Publicado por Bierrodot el 10 de agosto de 2017.
Al momento de esta creación mediocremente literaria y enteramente sentimental, confieso que soy el ser más vil del planeta.

Estoy llorando, usando pañuelos para liberar mi estruendosa humedad.

Y es que salimos a nadar para pasar el día con alegría.

Mi hijo de cinco años es muy inseguro en el agua. Se metió en un área que a él le pareció cómoda y sin riesgos; sus primos jugaban y él reía, pero no se movía ni un paso de ese lugar. Yo estaba afuera viendo, pues me desagrada nadar.

Sus primos se alejaron y se establecieron en un buen rato de diversión, lo que hizo que mi pequeño se quedara totalmente solo y volteando a donde ellos estaban.

Me sentí mal, y me metí con él para convencerlo de acercarnos con los otros chicos, pero nervioso dijo que no.

Lo intenté más veces y lo quise tomar de la mano, entonces el gritó de nervios y se puso a llorar. Eso me llenó de esta maldita ira que me vuelve todo un idiota, y le grité y regañé amenazándolo de sacarlo del agua. Sin embargo, no quería estar afuera.

Le di una bofetada en un arranque de estupidez y él llorando me preguntó: -¿Por qué me diste una cachetada?

A esta hora, ya duerme. Lo veo y empiezo a llorar.

Soy muy estricto, pero hoy creo que soy totalmente un pedazo de mierda.

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