Desesperado

Publicado por Bufoncarmesi el 02 de noviembre de 2016.
No he sabido enfrentar tu triste mirada, penetra en mí como balas en la lluvia, como lágrimas interrumpiendo el silencioso segundo que nos separa, me mata, me libera, me aleja y me daña. No puedo soportar no poder hacer nada para entender tu dolor, prometí ser tu amigo, prometí jamás dejarte, ¿cómo cumplir aquella promesa? Si supieras cuánto quema en el alma pretender, Alicia, que soy fuerte e indiferente, siempre sonriente, ¿me perdonarías? Lo dudo, antiguo amor.

Hoy te miro de lejos, preparado para batallar contra tus demonios, mientras tu gozas de un nuevo romance, él te quiere, tú lo quieres, lo puedo notar en sus enamoradas miradas asesinas, son dagas en mi corazón y agujas en mis venas. Cuando sepas que te quiero, ¿qué harás? ¿vender viejas ilusiones? Juré, querida, que jamás volvería a decir "te necesito.." porque no necesito a nadie, no te necesito, ¿lo ves? Puedo vivir sin ti... tan solo no quiero. Prometí que no volvería a decir "te amo" sin pensarlo, pues entendí lo solo que me encuentro... pues comprendí que todos se van, se marchan, ¡Se alejan! ¡Son pétalos arrastrados por la tormenta de la vida!

Te vas, mi reina, viajas al rincón maldito de mi corazón, ¡Pero ten cuidado! Ahí en la oscuridad de mi amor no hallarás más que la triste sombra de nuestras viejas sonrisas y olvidadas caricias, fruto de un pasado que me clava en la cruz de tus labios, ahora etéreos e inalcanzables. No me sueñes, querida, pues tendrás pesadillas color carmesí, me verás vestido de bufón, llorando en las escaleras que llevan al infierno, conoces mi destino, ¿me extrañas? Yo sí, siento que los únicos momentos en los que soy capaz de olvidarme de tu existencia son aquellos en los que no respiro.

La penumbra de mi habitación es sofocante, veo siluetas demoníacas asomándose por las ventanas, demonios que han venido a buscar la pobre alma de este bohemio bastardo de padre, escritor de ojos tristes y caminante de paso lento. Me refugio entre las sábanas, te busco desesperadamente, te llamo, te grito, ¡pero no te encuentro! ¿¡Qué no ves la soledad que me embarga, oh, amor mío!? Te rezo, pero no contestas, te amo, pero tú me odias... ¿Qué he de hacer?


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