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Así, Era mi Yayo.

Mi abuelo,
porque solo tuve uno.
Era un hombre pequeño,
sus manos de tierra
eran ásperas y seguro,
que sabían a barro.

A veces creo,
al cerrar los ojos para
recordarlo,
que nació con boina
y con gallado,
anciano y callado,
menos a la hora de cagarse
en Dios y uno por uno,
en todos los santos.

Bajo la sombra
de una gran morera,
mi yayo me contaba historias,
también leyendas y algo,
no mucho,
de una guerra sin buenos
y sí, mucho malo.

Mi abuelo no lloraba,
era de hierro,
o puede,
que de piedra.

Así era aquel hombre pequeño,
aquel señor de campo,
que aprendió a vivir
porque imitó al diablo.

Hasta el hierro
y la piedra se erosionan,
& el yayo murió una noche negra,
una más, de todas aquellas.

Y la sombra de la morera
que pese a la pena seguía allí,
jamás volvió a ser la misma.
Aquel, era así como otro sentir,
no me acostumbré y sencillamente,
dejé de ir.



A Pedro Buitrago González, mi abuelo.

denaturalezatocapelotas.blogspot.com
BuitragoPublicado el 09 de febrero de 2019
Archivado en poema

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3 Comentarios

  • Remi

    Me gustó tu poema Antonio, me recordó a mi abuelo. También era un señor de campo, dormitaba en las tardes de verano bajo la sombra de una morera.
    Un saludo.

    13/02/19 04:02

  • Clopezn

    ¡Qué gran poema!¡Qué gran recuerdo! Se mueven en mi memoria imágenes que yacían dormidas, porque recordando a tu abuelo, a much@s nos has hecho recordar, con cariño, los nuestros.
    Un saludo cordial.

    15/02/19 01:02

  • Buitrago

    Honor me hacéis, muchas gracias

    Antonio

    17/02/19 12:02

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