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Con Los Ojos Hacia Adentro.

De mis ojos y hacia adentro,
a la hora en que las sombras
cuan brujas y cuan trémula fiebre
amanecen por el oeste,
a esa misma donde por fin
los dioses son de lo poco su humilde,
yo, porque así me sale de los huevos
y porque a nadie debo favor,
me levanto del suelo donde alguna vez,
hasta puede que hiciera el amor.
Rogando hacia adentro
por seguir siendo el que soy, y atento,
por si aprender, dejara de ser el imposible que es.

En la oscuridad que envolverme quiere
y a la que amablemente acojo,
susurro como si perteneciera a otro mundo,
tal vez, esperando sentirme el valiente que quise
y no logré, cuando al parir el sol,
seguía estando allí, y mis manos y mis dientes
continuaban limpios a la par que mis sangres,
lo seguían inocente.

Y en aquel silencio que me sigue intrigando
cuando tras cada esquina y sin dejarse ver,
me acaricia... sobre todo,
lo noto en el cuello, no lejos del mentón
que un día hará de tope a la soga
con la que me cuelguen los enemigos de sí mismos,
de su irrealidad y de su sinsentido,
sintiéndose como se sienten amenazados
por lo que dicen soy y se ve, tan poco digo.

Honor me hacen los bastardos
que se llenan de apellidos,
al cambiar de acera para evitar cruzarse conmigo.
Les guiño el ojo mientras les miro y sonrío,
por ver en sus afilados rostros
esos gestos tan de tonto y tan de asombro,
camuflados en su yo sin protagonismo
y esas ropas de marca que cosieron cien niños chinos.

Del XX al XXI llevo pisados dos putos siglos
en algo menos de cien años,
devoradas muchas cervezas
y muchos más vinos.
Me han partido la cara y a dos manos,
yo, las he partido,
también he follado, gritado y maldecido,
así y todo, para bien o mal de los que son y me rodean,
sigo siendo el mismo imbécil
al que por igual se quiere y odia,
con la naturalidad con la que la muerte acojona
o el político, incluso con los ojos escondidos, miente.

Soy como el retrato del padre, hoy abuelo,
o como el vecino que yendo siempre de negro,
mientras te despeina, llama hijo.
Un algo con el tiempo a duras penas prestado
que puede colgarse al vacío o
prender, con un simple cerillo,
lo mismo de lo mismo que usted ve en el espejo.
Sangre, carne, impulso y latido,
una gran mierda para muchos y a la vez,
lo que mueve el mundo.

No están hechas las sombras
para los cobardes avariciosos,
ni la luz, para resentidos de, por y, para sí mismos.
No se hizo la vida con final para tirarla a la basura,
y no tengo yo esta lengua y estos hermosos cojones
para que los enjaulen sin contar conmigo.
Mi final, será el desnudo eterno y sin complejos
que podría y dará mucho miedo,
pero solo, a los que sin saberse y verse
aun me siguen viendo vestido.

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Buitrago28 de septiembre de 2019
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