Amores de Tren

Sustento la felicidad mientras miro las estrellas, la luna me invita a bailar un Vals, la noche me convierte en el amante llorando luego de terminada la guerra. Transito praderas donde los valientes recorrieron su sendero, áspero sentimiento sin vacile; que la verdad se encuentra en un abrazo sin precedentes, en el primer beso que jamás terminó, en la nostalgia de saber que el pasado es un imposible y el presente es más real que la respiración entre cortada de un enamorado. Amores de tren que convierten el sexo en un juego de niños, las miradas juegan a diez centímetros con velocidades supersónicas y los miedos del amor encuentran su epitafio.

Las sabanas acarician cicatrices de otros amaneceres, los gritos y placeres formaron miles de estrellas en esa habitación, luces en movimiento mientras el sudor ocupaba la oscuridad. Aprendimos braille y escribimos poemas con nuestras pieles, besamos nuestras sombras sin luz mientras acariciaba tu pelo más allá de tu nuca; dibujé el retrato de tu cara con mis manos, dibujé constelaciones rozando tus lunares por la espalda, por tu cintura y terminar en tus pies. Volamos más lejos que el infinito, en una noche reescribimos la historia del mundo, dimos vida para morir en el cansancio de una cama, amarramos al destino y frenamos los relojes; abrazados nos dijimos todo sin hablar nada, cerramos los ojos para no volver a mirar más allá de nuestras manos, de nuestros labios.

Soñamos libertad y sonreímos encarcelados entre nuestros brazos; la paradoja de lo eterno, el misterio del sentimiento que se teme despertar y una vez despierto teme volverse a dormir. La promesa que se expone y nadie sabe si llegará a cumplirse, pero aún así se intenta a cada segundo que pestañeamos.

Amores de tren que dejan la banalidad en un par de estaciones, suspiramos esperando la frase correcta de aquel libro que leímos alguna vez y creímos que nos serviría, pero nunca aparece, porque no se trata de buscar, se trata de crear tu propio libro a base de los errores que ya hemos cometido, volviendo a equivocarnos y sonreír con alguien más, aunque nos duela y la desconfianza se apodere del pedazo sano de corazón, siempre estará ese alguien más, dando su sonrisa y su pedazo de corazón para que nosotros podamos seguir escribiendo nuestro libro.

Despedir amores de tren, despedir amores, despedir, es llorar mirando al cielo mientras la sal de lagrimas se mezclan con la sonrisa, apretando los nudillos pero sin dejar escapar la sonrisa. Será sonar en otra frecuencia, escribir un libro al revés, o volver a tomarse ese tren, buscando los amores, amores de tren.

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1 Comentarios

  • Libelula

    Es un gran poema felicidades.
    Saludos

    28/05/18 06:05

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