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Café, Frío y En Papel

Pasó un mes, o más, desde la última vez que me senté a escribir, sentí que no había nada más que decir, nada más que contar. Hace unos días, algo me susurraba y me incomodaba cuando la habitación quedaba en silencio, cuando me prendía un cigarrillo, cuando me sentaba en la oscuridad mirando al techo. Hace unos días fue que caí en la cuenta, que uno puede dejar de ser escritor, pero la mente sigue escribiendo, todo el día, todo el tiempo. Fue así, que mi cabeza estaba escribiendo el repaso de este último año, escribía sin parar el paso de los días, el amor, el desamor, el enojo, la tristeza, la alegría, las nuevas experiencias y varias cosas más que no vienen al caso, pero detallaba todo.

Luego de terminar el último texto, me di a la fuga. Corrí, lo más rápido que pude, por un descampado mientras iba cerrando las puertas que la mente me iba abriendo, anulaba a la inspiración y cada noche yacía en mi cama con una masacre de ideas. Rechazaba cualquier acto que hiciera traerme de nuevo aquí. Dicen, aunque todavía no lo se con mucha certeza, que las historias no puede tener fin sin haber tenido un principio, en mi caso nunca supe cuando empecé, pero así como vino, así decidí ponerle fin. Ciertas cosas en la vida no pueden ser elegidas por uno mismo, a veces nos obligan, otras nos obligamos, también está el que lo hace por fuerzas mayores. Después estoy yo, que sin obligación, sin obligarme y sin tener ninguna necesidad, salté al vacío en una locura que todavía no puedo entender.

En la escuela jamás leía, me iba mal en literatura e incluso no comprendía a esa gente que se la pasaba leyendo todo el tiempo por diversión. Terminé la secundaria y es, hasta el día de hoy, que si me preguntan cuantos libros leí, puedo contarlos con una sola mano ¿Por qué? No se. Veo las páginas de mi libro, y pienso - ¿Cómo pasó? - también termina siendo un enorme "no se". Me siento un estafador, creando cosas que yo tampoco consumo, así fue como me sentí aquella noche donde escapé, donde las ideas no paraban de salir, la creatividad se movía y golpeaba contra las paredes, y yo, en un rincón, diciéndole: "ya está, ya no más, me siento sucio y no quiero saber más nada".

Como el fantasma que regresa a que le den un descanso eterno, así volvió, cada madrugada, sin dejarme dormir, sin permitirme pensar en otra cosa que en este momento, en texto que le pone fin, descanso eterno, pausa, o cierre, a lo que sería mi ser escritor, esta página, este lugar que tantos recuerdos y perfumes tiene. Miro para atrás para darme cuenta el camino que recorrí para llegar hasta donde estoy ahora, repito que fue una locura y todavía mi hábito de crear rompe cada espacio de mi cabeza como si fuese una rama, pero, si lo que empezó como placer termina por lastimarte, es cuando uno tiene que ponerle fin para no morir, o en el peor de los casos, terminar odiando algo que, en tantos días y noches, fue la única compañía mental que podías tener, escribir.

Puede ser una despedida, la última carta, el último trozo de papel del cuaderno, o al menos de este, porque uno deja de ser escritor, pero cuando ya saltaste, es muy difícil dar marcha atrás, tu cabeza seguirá escribiendo hasta el día que todo acabe. Me sentí un estafador, volvió un fantasma, y aquí le estoy dando su justo entierro, a lo que nunca tuvo un principio, pero hoy, tuvo su fin, eternamente, gracias y en algún momento espero poder encontrarnos, en un café, frío y en papel.
CafefrioenpapelPublicado el 18 de marzo de 2019
Archivado en fin

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2 Comentarios

  • Creatividad

    Bueno pues esa mente es muy váliosa. Saludos

    20/03/19 03:03

  • Magic

    Una mente y un escribir brillante.
    Saludos cordiales.

    21/03/19 10:03

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