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Cafeomancia Literaria

Todos tenemos un poema cifrado esperando a la persona que sepa interpretarlo. Secciones de vida que nos representan un déjà vu; creemos tener la respuesta, sin embargo, el miedo al amor nos hace reyes sin reino. La borra del café se lee, practico cafeomancia literaria por frases sepultadas bajo tierra de otros años, bajo distintas borras de café.

Secretos de sombras que se ubican tras el iris; fuerte y de un solo sorbo sentencia la calamidad de vivir acompañando la felicidad del otro sobreponiendo la suya. Amargo pesar del intento, saber que busca lo que tiene en la mano y aprieta el vacío del alma esperando que caiga un par de palabras que le soplen su aroma, que endulcen el centro de si mismo. Yo lo llamo poeta, pero se apellida Ristretto.

Lungo de compañía sabia y pocos instintos; la retórica oculta lo banal, acordando apaciguar las tempestades de charlas delicadas, de dudas y misterios no resueltos. El ente que aparece cuando menos lo esperas, cuando la necesidad de la palabra colapsa en las manos sobre la cara y el llanto desgarra lo más fino. Anécdota de bar, de ilusiones que murieron sin comienzo.

Lo dulce de un beso exento de lo cursi del momento; canela con detalles de luz, espuma con ganas de más, con un sabor distinto al resto. Refleja la calma, historias con metáforas pertinentes; solo mirando por la ventana, la gente que camina con o sin rumbo, sumido en la felicidad porque es la única que no te rinde cuentas. Movimiento de caderas, delicado pero a la vez poco sutil. Capuccino.

Suave, sin miedo, duerme entre los cristales del silencio; Lagrima le dicen porque seca las tormentas, calma ansiedades mientras nutre paz interna. El Yin y el Yang, la melancolía de sabor recuerdo con sonrisa impregnada, nostalgia con poco perfume y sin intensidad, pero el gusto de conocerla sobrepone las cadenas que nos cuesta romper por nosotros mismos.

El andén se tiñe de grises en épocas de carnaval, la guitarra que suena sin público, el tren que parte sin pasajeros. Así se describe, Espresso, rutina del día a día, cansado y con mala cara, pero lo más sincero que existe. Amigos comparten sus hazañas, sus pesares, dudas y miedos, el escucha y aconseja desde lo bajo, intenso para algunos, otros lo cortan para no sufrir, pero aún así su verdad no puede ser negada; compañero y enemigo, el sabio que escupe sus años hacia el olvido.

Practico cafeomancia literaria, el arte de escribir el sentimiento y que lo sientas propio. No seré ninguno y seré todos los destinos, los caminos de peregrinos que acudieron al olvido como salvación, los escritores que murieron en los intentos de escribir la gloria, de vivir del amor; seré el redentor de tu corazón y que tu sonrisa no muera sin ver el sol, seré lo que siempre tuve que haber sido, café frío en papel.
24 de mayo de 2018

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4 Comentarios

  • Libelula

    Seré todos los destinos los camiones de peregrinos....
    Y el final me encantó remata todo.
    Una curiosidad yo no tomo nunca café jajajaja.
    Un saludo

    25/05/18 06:05

  • Libelula

    Lol puse camiones jajajaja caminos ais eso de leer sin gafas me juega malas pasadas el caso que pensé joer cuanto peregrino.
    Sorry y saludos

    25/05/18 07:05

  • Cafefrioenpapel

    jajaja, me pasa seguido, me alegra que te haya gustado ! Saludos

    25/05/18 07:05

  • Regina

    Como siempre, !que buen escrito!, cafeomante empedernido pareces, mis saludos más cordiales al café descafeinado y a tí.

    27/05/18 06:05

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