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Como la Primera Vez

La sensatez de la primera vez que nos vimos, no se podría llamar un flechazo al corazón, pero fueron dos miradas hechas en verdades; acompañados con un café nos conocimos y todo comenzó. Dejamos que las ideas nos buscasen en las estaciones, le sacamos la careta a lo que llamamos vida para mostrarnos un poco más nosotros, aunque seamos dos, somos parte de algo más grande que el mundo. Fueron esas ideas que nos encontraron mal parados las que desencadenaron las risas mirándonos adentro, aunque sea por un rato. De abrazos inconclusos, a no soltarnos por horas contándonos un poco más de lo que en realidad somos; el día a día se dejaba ir y se escondían los miedos. A falta de preguntas, nos llenamos de dudas y las respondíamos a base de chistes, sonrisas que dejaban al pecho descubierto sin temor a un tiroteo.

Los días se aligeraban y no pesaba la mañana, incluso el año no tuvo invierno, porque un abrazo podía convertirse en el guerrero más predilecto en el momento justo. El tiempo nos preguntó sin reloj que esperábamos de aquello, no supimos que responder; yo me encontré en la dualidad y opté por salvarte, aunque me hubiese encantado saltar al vacío de la mano. Se juntaron mis sentimientos con el presente discontinuo que transitábamos, vaya uno a saber si fue lo mejor; un abrazo lograba una ataraxia y unos besos que buscaban ser tuyos. Contuve la respiración y miré la nada, fue lo mejor... ¿Fue lo mejor?

Te dejé de ver y la ilusión me jugó una mala pasada. Pasé de humano a lobo y lastimé tu confianza. Desaparecí sin dejar rastro para intentar encontrarme; los minutos nunca se detienen y por eso te busqué una vez más, porque fallé, te fallé, y traté de abrazarte aunque ya no estabas. Una de las sonrisas más lindas que vi lloró por mi culpa, desde ese momento nunca pude ser una persona más. Ver la belleza que desprendían unos ojos, derrochando lágrimas, es casi como caminar sobre vidrios rotos mirándose los pies. Me dí cuenta tarde y perdí aquel tren; te volví a escuchar y las sombras ya no abrazaron sin permiso, te escuché reír y me amigué con alguien de por ahí, te escuché llorar y esta vez no me fui, ya no más.

Se bien que llegué tarde, creo que así está mejor, aunque a veces espere el día, yo se que así estás bien y me basta con escucharte. Aprendí tanto en estos años que trato de volcarte mi mejor parte de mi, aunque no arregle lo que se rompió, intento que al menos no duelan ciertas cosas, a veces me sale, a veces no, pero lo intento siempre que puedo. Nunca creí en el destino, pero si existiese, ojalá que nos cruce, así, como la primera vez, en la calle, en un café, en un abrazo, igual que antes pero completamente distintos.
Cafefrioenpapel27 de julio de 2018

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