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Días de Café

En la orilla de la incertidumbre escribí lo que sería mi rendición de batalla. Las manos manchadas de alcohol y abrazos que nunca sucedieron, la pesadumbre de la indiferencia sometida al desconcierto de no poder entender nada mientras un jaque mate me aniquilaba el corazón. Hoy quizás seré yo el que tenga que despedirse sin mirar al cielo, la dificultad de palabras que conlleva el silencio, es una paradoja que todavía intento refutar de alguna manera, de madrugada y a escondidas escribiendo mi redención, la del escritor, absorto de pensamientos, que prefiere la sonrisa amanecida a un beso de estación sin precedentes a lo más bonito. Bailar el vals con la esperanza y cantarle una balada al amor, es entonces cuando las melodías de un piano olvidado comienzan a sonar, solo para en un instante de locura sentirse el rey, y luego, la esperanza se va, el amor no pudo y el piano vuelve a su lugar, esperando la siguiente melodía, esperando al siguiente vals.

Termino la rutina queriendo escapar de la rutina, la realidad de cada día. Quise cambiar el mundo a trozos de papel, escribir la poesía que se tatúe en tu piel, la que reviva cada noche y muera al empezar el día, pero nada es perfecto y por eso salté al vacío, porque ya no existe un lunes y su café, porque ya no existe la locura que me lleve a mi vergel. Se rompió la manecilla, ahora funciona el reloj, quizás sea mejor así, que la vida continúe y no frenar más el tiempo, esperando lo que no se espera, lo que no se busca, lo que no se posee.

La relatividad tomó fracciones de razón y corazón, en las costas de un mar sin olas, y así navegó sin rumbo ni mástil en el barco. Creer que el nunca podría ser equívoco, es la conformidad del sonso, tener certezas de cristal y que se rompan de un chasquido, pensar demasiado no ayuda para la mente con alma que solo sabe amar, con amor puro y no perfecto.

Escondí mis sentimientos y espero no volver a nombrarlos, porque duele cerrar los ojos mientras fotogramas de ayeres, con sonrisas que parecían no tener fin, me acarician una cicatriz que necesita cerrarse sola. La súplica jamás fue motor, entonces acá termino mi odisea, porque quiero dormir y por un instante olvidarme de quién soy, olvidarme quién fui.

Quizás el momento tomó lugar pronto, o llegué demasiado tarde para el pastel, quizás el tiempo me vuelva a traer y el hilo rojo no sea una fantasía. Y si no, en otra vida buscaré la manera de encontrarte, para ser el mismo loco una y otra vez, creyendo en el amor de días de café.
18 de septiembre de 2018

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2 Comentarios

  • Mr.elio

    "El agua es importante sólo en parte, porque es el mayor condimento para el café." cita de alguien a quien no le alcanza el tiempo. Me gusto tu odisea.

    19/09/18 04:09

  • Mayoazul

    Tienes aroma de escritor de otro siglo, me ha gustado leerlo.

    24/09/18 10:09

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