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Un Brindis por Todo Aquello

Las gotas de lluvia golpean contra las hojas del árbol haciendo su canción, y yo, con un café y un cigarrillo tan extraño al caso. El escritor que enloquece cuando nada lo inspira y busca apaño en algunas pitadas y un par de sorbos, en la bruma de años pasados, dibuja con palabras las catástrofes que dieron su motivo al estar hoy aquí, entre tan ruidoso silencio, explicando el porqué de cosas que a nadie le interesan.

- Es el fin - pensaba, mientras el cigarrillo se apagaba - voy a tener que prenderme otro - y así nunca acaba el ciclo. No estoy hecho para rozar las pieles, el tacto cálido es el que me empuja un poco más abajo, me vuelve frágil, creo que el amor puso una orden de restricción bajo mi nombre. El recuerdo y el sueño mezclado en una fábula inventada en tan solo un par de horas, mientras la revivo cuando me despierto y el día se torna extraño e inseguro. Quisiera abrazar la esperanza en cada esquina y que las luces de la cuadra iluminen con un poco más de intensidad, a veces me encuentro con Dios prendiéndose un cigarro mientras me sirve un whisky a las tres de la mañana y me dice que deje de intentarlo, y yo tan alunado por imaginar lo improbable tantas veces, caigo rendido en la almohada, preguntando si fui yo, o fuiste vos, o fue alguien más, sin conseguir respuestas, y cada día es una suma de preguntas que se archivan en "las preguntas que siempre quise hacer".

Retuerzo las hojas y exprimo hasta la última gota de tinta que queda, porque me quedo sin palabras a mitad de camino pero no sin ideas. Tengo un hábito insano que me lleva a escribir unicamente cuando la vista se nubla, o el corazón escupe fuego, no hay un punto medio entre tantos papeles que se escriben solos para humillarme por las noches.Aún así, el espejo me saluda y todavía espera el día que lo mire y sonría.

Aunque las galaxias resultan infinitas para el ser humano, me gustaría intentar surcar una entre tus labios a las ocho de la mañana, mientras en la radio suena tu canción favorita y el olor a café invade la habitación, donde aprendamos a leer en braille y seamos dos sordos que solo entiendan de medias sonrisas mezclada con besos. El poeta que quiere ser astronauta en un cuerpo repleto de estrellas, en ese cuerpo que puede hacértelas ver más de cerca.

Un brindis con vino y unas risas de estación, el otoño trajo más que hojas secas y lluvias. Un brindis, eso es lo que necesito, un brindis y mirarnos como el final de la película más esperada de todos los años. Un adverbio para todo, el sonido que arrulla cuando saluda, el terremoto en una cama, el instinto asesino cuando te mira y sabes que ya estas muerto por ella. Por todo eso, y más, pido un brindis, un chin-chin y que se caiga el vino en el mantel, porque buscamos ser lo que todos temen y nadie se anima a decir.
CafefrioenpapelPublicado el 11 de mayo de 2019
Archivado en amor relato sentimiento vida

4 Comentarios

  • Diegozami

    Escribes muy bien amigo.

    Saludos.

    12/05/19 08:05

  • Mujerdistinguida

    Un texto mayúsculo. Sigues pareciéndome que tienes que contar muchas cuentas.

    14/05/19 09:05

  • Oliviaferrer

    Hacía tiempo que no me pasaba por aquí para leer, estoy un poco perezosa, pero es que es ver un texto tuyo y hago un esfuerzo por leerlo porque sé que valdrá la pena .

    PD: No contestes si no quieres pero, de dónde eres?

    15/05/19 02:05

  • Cafefrioenpapel

    Muchísimas gracias a todos, de verdad que lo aprecio un montón. Soy de Argentina Olivia ! Saludos.

    16/05/19 11:05

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