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Eterno

Mis delgaditas piernas temblaban, mi penetrante mirada azul se resquebrajaba y mis manos, entrelazadas, se movían inquietas. Su rostro sereno palidecía, contrastando con el avivado fuego de sus mejillas. Sus labios ardientes se movieron con gracia y con una palabra, sincera, rozaron mi alma. Fue una única palabra, instantánea, fugaz y efímera... y sin embargo, un perdón eterno.
Calinela29 de junio de 2016

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