¿cÓmo NaciÓ El Amor?

Publicado por Canteiro el 17 de diciembre de 2009.
¿Nos hemos parado alguna vez a pensar cómo y cuándo nació lo que llamamos AMOR? La mayoría de los mortales sabemos de sus consecuencias, desconociendo su lejano y misterioso origen…
Durante la ya dilatada historia de la humanidad, el concepto de AMOR, no ha sido siempre el mismo… Todo, incluido este sentimiento, ha evolucionado con el paso del tiempo... ¿Cuándo nació? Al parecer, según algunas leyendas, todo empezó un día de primavera, a media tarde, en un año que nunca figuró en los calendarios.
El caprichoso y voluble Creador, después de haber hecho las estrellas y los planetas, se sintió tentado de modelar con el rojo barro de una charca cercana a una esbelta palmera datilera. Sus manos, torpes por el eterno ocio, apenas podían dar forma a la idea que rondaba por su inconmensurable mente.
Poco a poco, tomando como modelo la imagen de sí mismo reflejada en el remanso de un riachuelo, fue dando forma a una figura antropomorfa. Cuando la terminó, observándola un tanto curioso, quiso darle un nombre para que realmente existiese. Sin dudarlo, y en la primera lengua que el universo escuchó, pronunció: «HOMBRE».
Cuando pronunció el nombre, sin utilizar lo que entendemos hoy por palabra, el nuevo ser empezó a caminar. Curioso por examinar su entorno, pronto se perdió entre la exuberante vegetación del inmenso jardín.
El Creador, aburrido por no saber muy bien en que emplear el infinito tiempo de su eterna existencia, cogió otro trozo de barro y, muy despacio, fue modelando otra figura.
A ésta, quizá por no fijarse demasiado en lo que hacía o adormecido por el calor de la tarde, le dio formas más redondas, omitiendo ciertos detalles que había modelado en la primera figura…
Cuando le dio el nombre de «MUJER», la figura empezó a caminar y también se adentró en el jardín, curiosa por conocer aquel entorno idílico. Su caminar era lento y sensual…
El Creador, cansado ya, se retiró a su morada en lo más alto del jardín, olvidándose por completo de las figuras recién modeladas que, admiradas de la lujuriosa vegetación y sus muchos y sabrosos frutos, vagaban por el jardín sin rumbo. Pronto, el sueño se apoderó del Creador, y sus estruendosos ronquidos despertaron a la vida lo que hoy llamamos TRUENO.
HOMBRE y MUJER, después de vagar por los senderos del jardín, en cuyos bordes crecían árboles y flores de gran belleza, se encontraron en un cruce de caminos. Su primera reacción, al verse, fue de temor y sorpresa… Poco a poco, se fueron aproximando para contemplarse mejor. La CURIOSIDAD ––primigenio bagaje del Ser Humano––, había germinado en ellos...
Cuando perdieron el temor, sus manos se acercaron tímidamente al cuerpo del otro y, lentamente, fueron recorriendo cada milímetro de su desnuda piel. HOMBRE, mientras MUJER recorría su cuerpo, sintió que algo desconocido brotaba dentro de él; que su corazón galopaba más de prisa…
MUJER, cuando las manos de HOMBRE acariciaron su piel, sintió lo mismo, además de un extraño y fuerte deseo de acercarse mucho más a él, para sentir el calor de su cuerpo….
Ambos, sin conocer aún la razón de tan extrañas y recién descubiertas sensaciones, no dejaron de explorar sus cuerpos durante un buen rato. Lo que sentían era placentero, despertando algo hasta entonces desconocido por ellos: ¡HABÍA NACIDO EL DESEO!
Se tumbaron en la fresca hierba, a la sombra de un gran árbol. Sin pausa y cada vez más curiosos, siguieron en la tarea de recorrer sus cuerpos. Ahora lo hacían, estando muy cerca uno del otro, sintiendo su acelerada respiración y, sin apenas darse cuenta, se encontraron realizando la primera cópula. Sus suspiros y gemidos, sin bien tímidos al principio, fueron aumentando en volumen hasta despertar al Creador…. ¡HABÍA NACIDO LA PASIÓN!
Desperezándose, mirando hacia el jardín, el Creador vio como aquellas figuras se entrelazaban y formaban prácticamente un sólo cuerpo. Cada segundo que pasaba, sus miembros se retorcían extrañamente como movidos por una fuerza desconocida. Intrigado por lo que veía, se presentó ante ellos e inquirió qué estaban haciendo...
––Nos hemos encontrado ––contestó HOMBRE––, y después de examinarnos sentimos la necesidad de estar más juntos; de tocarnos...
––Al estar juntos ––contestó MUJER––, hemos sentido la necesidad de unir nuestros cuerpos.
El Creador, envidioso por lo que sus criaturas sentían, y que él nunca antes había imaginado, montó en cólera:
––¿Cómo os atrevéis a hacer estas cosas sin consultarme? ––su voz estaba creando la TORMENTA––. De ahora en adelante, cuando os unáis el uno con el otro, sufriréis el castigo de los hijos.
––¿Hijos? ––preguntaron ambos extrañados––. ¿Qué son los hijos?
El Creador, mirándoles con furia contenida, les dijo:
––Serán el fruto de este acto que habéis realizado sin mi permiso. Serán parte de vosotros mismos, pero tan desvalidos al principio que ocuparán todo vuestro tiempo. Estaréis condenados a buscar para ellos, continuamente, alimento y cobijo.
Cuando los meses fueron pasando MUJER vio como su vientre crecía y sus pechos dejaban escapar unas gotas de blanco líquido. HOMBRE, asustado por los cambios y desconociendo el proceso, no salía de su asombro…
Los dolores arreciaban y MUJER sentía la necesidad de empujar fuertemente, como queriendo liberarse de aquello que se movía, cada vez más, dentro de sus entrañas. HOMBRE, asustado y con el rostro contraído, la cogía la mano queriendo darle ánimos en aquel primer parto de la historia, mientras su frente se cubría de frías perlas de sudor.
El primer llanto de un Ser Humano, no modelado de barro; sino de carne, fruto del deseo, la pasión y la ternura, se escuchó en todo el jardín. El Creador, allá en su retiro de lo alto, también escuchó aquel nuevo sonido y bajó curioso de su lugar de reposo.
Contempló al recién nacido, aún rojo por el esfuerzo del parto y no pudo evitar sentir ira y envidia… Aquellas figuras que él había creado del barro, en un momento de ocio, habían engendrado un nuevo SER.
A pesar de todo su poder, el Creador se sintió humillado y desde el odio fue pergeñando la venganza... «Se han convertido en dioses como yo al poder crear un nuevo SER. Para castigar semejante osadía, su vida ya no será eterna como la mía… ¡Sufrirán y morirían al cabo de los años! ¡Sentirán el terrible dolor de la separación por la muerte! ¡Sabrán lo que significa la soledad!»
Cuando HOMBRE contempló a MUJER amamantando a su hijo, nuevas sensaciones desconocidas, aún sin nombre, se apoderaron de él. Ahora, además de sentir la necesidad de recorrer la piel de MUJER, sus manos acariciaban con mimo el pequeño y cálido cuerpecito del recién nacido... ¡HABÍA NACIDO LA TERNURA!
HOMBRE y MUJER, mirándose tiernamente, se unieron en un abrazo, en cuyo centro una pequeña figura succionaba la leche materna con fuerza. Los tres, como un sólo cuerpo, permanecieron largo tiempo así juntos hasta que los truenos, producto de la ira del envidioso Creador, les obligaron a buscar cobijo en una cueva de la cercana montaña.
Allí, a cubierto de las miradas del Creador, volvieron a sentir la fuerte necesidad de acariciar su piel, de acurrucarse lentamente, uno junto al otro, hasta quedarse dormidos…. ¡HABÍA NACIDO EL AMOR!
La tormenta, producto de la creciente ira de un SER envidioso de los hijos de su propia creación, arreciaba fuera de la cueva. La duda sobre su eterna bondad, comenzó a nacer en el hombre, aquel lejano día que nunca figuró en los calendarios…
Pasados millones de años, y desaparecido ya aquel primigenio jardín donde sus primeros padres vieron la luz, HOMBRE y MUJER ––mortales ya y temerosos de un desconocido e iracundo Creador––, siguen preguntándose la razón de haber sido condenados por descubrir el AMOR…


© 2009-Fernando J. M. Domínguez González



1 Comentarios

  • Serge

    Canteiro:
    Me gusto mucho tu historia, dejame decirte que tienes mucha imaginación, aunque no comparto las posturas de un creador envuelto por las pasiones humanas.
    Un gusto leerte.

    Saludos.

    Sergio.

    17/12/09 07:12

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