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Mi Abuelo Rey

Siempre fue el abuelo Fito (don Astolfo Pazos y Cucullu, Feijoó y Seguí-Girado suena un tanto pomposo para la sencillez criolla de entrecasa). No era mi abuelo sino mi bisabuelo pero para todos siempre fue simplemente el abuelo Fito. Recuerdo que decía…
En realidad no sé con certeza si lo conocí personalmente o si el nítido recuerdo que tengo de su estampa y su palabra surgió de su constante presencia en la charla de todo acontecimiento familiar y de toda sobremesa cotidiana.
Entonces, retomando, recuerdo que decía

“No cualquiera puede pretenderse rey. Porque todo rey cristiano lo es por la Gracia de Dios, y sólo la Iglesia puede proclamar rey por cuanto el papa, cabeza visible de la Iglesia de Cristo, es el administrador en la Tierra de la Creación de Dios y expresión de Su Voluntad”.

Justamente ese administrador, interpretando Su Voluntad, concedió las tierras descubiertas y por descubrirse (siempre que no estuviesen regidas por un príncipe cristiano) a los reyes de Castilla hacia Occidente y a los de Portugal hacia el Naciente, y al Sur, para mayor gloria de Dios y difusión de Su Palabra.
Pero las coronas heréticas desconocieron la Voluntad de Dios y no escatimaron esfuerzos para apropiarse de tierras que no les habían sido concedidas. Invadieron reiteradamente el Plata y sus ciudades ribereñas. Y cuando sus intentos se estrellaron con la tozudez de los criollos buscaron apropiarse de Las Islas y las invadieron una y otra vez. Más osados aún pretendieron crear de la nada un reino en Patagonia y de la nada un rey, que como queda dicho sólo la Iglesia puede consagrar.
Y mi abuelo decía que

“Tras la invasión del 82, Inglaterra pretendió –heréticamente- conquistar las tierras del Reino de Patagonia cuya corona reivindicaba –también heréticamente- una dinastía francesa. Pero no por llevar la Palabra a los paganos y salvar sus almas, que la tarea de la evangelización en esas tierras australes ya correspondió y con feliz resultado a los padres salesianos. El motivo bastante más prosaico: se pronuncia Vaca Muerta y se escribe petróleo”.

Por eso Alfonsín amenazó con llevar la capital a Patagonia y puso fin al conflicto del Beagle. Por ello Menem concluyó con los restantes desacuerdos de límites en el Sur. Por ello Bachelet se disculpó por la complicidad con los reinos heréticos. Por ello se consagró beato al criollo Ceferino, hijo de cacique mapuche y criolla. Por eso fue escogido Kirchner, hijo de argentino y chilena, y ambos patagónicos.
Y por eso también, según relataba mi abuelo,

“La Iglesia de Cristo a través de los salesianos escogió, ungió, y proclamó rey a instancias de la logia San Ceferino, SCf. La consagración y coronación al sur del paralelo 35°S, en tierras de ancestral propiedad nuestra, clarísimo mensaje a los pretensiosos intrusos, carentes de mejores derechos”.

Carentes de mejores pergaminos los heréticos foráneos, porque mi abuelo era un príncipe de la sangre heredero de antiguos reyes de la Hispania, sus ancestros, y un auténtico criollo viejo, descendiente de los conquistadores europeos, enriquecido el torrente de su sangre con la de caciques tehuelches, xuríes y guaraníes. Nadie mejor para que en él se encarnara el auténtico y legítimo rey de Patagonia frente a herejes que pretendían hollar el sagrado suelo sudamericano.
Y mi abuelo decía

“Hasta tanto Chile, Argentina, y Patagonia sean una sola Nación y un solo Pueblo y los herejes expulsados al Norte, Nos y nuestros retoños y los retoños de nuestros retoños, y así continuadamente, seremos la Casa Real de Patagonia, por la Gracia de Dios”.

Y yo creo que fue por eso que los príncipes de la Iglesia miraron al Sur para escoger al primer papa nacido en el Nuevo Mundo.
Y mi conciencia de que hoy podría recaer en mí semejante responsabilidad, la de expulsar a los herejes de las Tierras Australes, verdaderamente inquieta mi alma serena amante de la paz pero obediente de los mandatos de la sangre y de la Ley.

Sor María Ceferina, Londres, 30 de febrero de 2056.
19 de enero de 2016

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