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Hay DÍas Buenos, Malos y Sin Internet..


Dentro de nuestro diario vivir, solemos ir registrando los sucesos más relevantes que envuelven nuestra rutina, nuestros planes, emociones y nuestras aventuras.

Cada uno administra a placer ese baúl de recuerdos y ciertos episodios de nuestra historia, poco a poco y a veces mucho más lento, pero vamos enmarcando todo aquello que amerita una etiqueta para compartir con nuestra existencia.

El ser humano por naturaleza estereotipa infinidad de cosas y situaciones, creyendo que mediante ello se encuentra el disfrute pleno, la satisfacción deseada, el argumento perfecto, la hazaña crucial o el desvarío al sistema o destino, según sea el caso.

Y es entonces, que mediante todo ello y más, terminamos clasificando nuestro calendario, anteponiendo un status a ese día a día, y definimos un concepto o término para tal suceso, no falta el que alardea porque ha tenido el mejor día de su vida, porque encontró el amor, porque recibió su primer beso, conoció a su padre o madre, nació un hijo, porque contrajo matrimonio (con sus respectivas reservas), ganó la lotería, recibió un saludo de la chica que le gusta, aprobó su ciclo escolar, ganó su equipo favorito, recogió algún dinero de la calle, celebró su primer cumpleaños con amigos, o realizó su primer viaje solosutua, falleció su suegra (para algunos simple chistorin), y así, infinidad de situaciones definen el status de días buenos.

Pero también existe la clasificación opuesta, en donde solemos quejarnos de nuestro pesar, de algún suceso en particular, de algúna enfermedad, algún desamor, un plan fallido, algún proyecto fracasado, llegar tarde al trabajo, pisar popo de perro en la calle, pasear por el parque de la mano de su enamorad@ con su mejor traje de gala, y que a la primer media vuelta de estar, ser víctima del popo de algún ave traviesa con buena puntería, o que se ponche una llanta, camino a una cita de trabajo, que haya tráfico para llegar al festival de la escuela, por no llegar a tiempo al aeropuerto y perder un vuelo importante, por extraviar dinero en la calle, por haber sido asaltado o robado, por una negatividad a una propuesta de matrimonio, y muchas más situaciones definen el status de días malos.

Pero, actualmente vivimos en una nueva era, donde somos instrumento de las redes sociales, de sonreírle a una pantalla, de definir status sociales en base al uso de las mismas, de "amistades" que no conocemos, pero compartimos ideas, gustos e intereses, de mantener una postura corporal en base a las necesidades de uso del celular, de sabernos queridos porque se vive más cerca los amores a distancia, se comparten de manera más rápida situaciones que han de aumentar nuestra popularidad ante la sociedad o un grupo selecto de individuos.

Así pues, hoy por azares de la vida, estando tan lejos de casa, de nuestro entorno social, hemos perdido conexión a internet, me he sorprendido, así como el 95% de las personas que conformamos una espontánea, pequeña y única comunidad, mirando más veces a la pantalla del celular a la espera de que se restablezca la conexión, que, levantando la vista para ver un cielo estrellado, libre de contaminación, disfrutar de un ambiente rodeado de vegetación, disfrutar de la música de viento, tan natural confabumada por la fauna, recuperar esa comunicación verbal con los que nos rodean, nos hemos perdido tanto y a la vez ganando con el uso del internet y la innovación tecnológica, y nos damos cuenta día con día, y cuando no hay internet, más.

PD. Ayer tuve un día bueno porque converse y disfruté de la compañía que involucra mi aventura, tuve un día malo por las condiciones forzadas y de represión que me hicieron estar ahí, y tuve un día sin internet, por ello este relato que fue escrito la noche de ayer jueves, es compartido en la red hasta la noche de hoy, día viernes, en la que ya siento dicha por estar en casa, con mis comodidades e internet.

Vía César Cruz
@totti58
Cesare09 de julio de 2016

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