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Frente a la Barbarie.4.

-¡Nooooo...!¡ Ahí abajoooo....!¡ Todo el mundo fueraaa....! - se desgañitaba uno de los encargados desde la novena planta en construcción, al tiempo que la pérdida del casco blanco dejaba al aire su incipiente calva.
-¡Mierdaaa.......! - pensó Julián, que se encontraba a los mandos de la grúa pluma preparando el material y vió como el balde se desprendía del gancho.

Soltó el mando de control como un resorte y corrió como un rayo tras los silos de áridos con el tiempo justo para lanzarse al suelo y sujetarse con los guantes de cuero, envejecidos y cuarteados por el uso, el casco amarillo chillón de construcción que había estrenado al iniciar esa obra, semanas antes.
Una furia implacable se desató horadando los cimientos y arrasando todo a su paso. La detonación hizo tambalear el depósito central que finalmente cayó, empujando a los otros y originando un río instantáneo e incesante de arena de mortero, que pronto alcanzó el cuerpo de Julián cubriéndolo casi por completo. Con una rápida maniobra evitó que la cabeza quedara envuelta por el gran montículo formado, que a su vez mitigó el desplome del depósito. La zona de la construcción anexa sufrió la peor parte ya que la base de las columnas a pesar de ser anchas recibieron de forma directa la onda expansiva aderezada con material metálico contundente a gran velocidad, que generó rápidamente grietas mortíferas, que hicieron que poco a poco se ladearan las jacenas y los pisos superiores, para finalmente acabar cediendo estrepitosamente uno de los costados de la "C" que conformaba el solar hacia la entrada principal de la obra, aplastando todo aquello que encontró debajo con un cúmulo de hormigón y hierro.
Fueron unos segundos que no alcanzaron el minuto, pero que para el piloto de la grúa torre supusieron una funesta eternidad en el infierno, durante la que acabó perdiendo el conocimiento.

No sentía nada de cintura para abajo. Encima de ella todo su cuerpo estaba aprisionado como un fósil en una roca sedimentaria. Era una presión constante que no le permitía moverse. No sentía nada a pesar de la postura en la que había quedado. Su cerebro era como el motor de arranque de un coche que no acaba de ponerse en marcha cuando la batería está en las últimas. Un argamasa de arena fina y saliva dificultaba el paso de aire a sus pulmones. Un leve sonido, muy muy lejano hacía reaccionar sus párpados, que en un intento de abrirse generaron un dolor indescriptible en sus ojos removiendo todas sus entrañas sin lograr sin embargo despertarlo de su letargo. A cada segundo que pasaba el sonido se iba haciendo más claro y más nítido, pero el cortocircuito en su cerebro no permitía que ninguna idea cuajase en él. Poco a poco las yemas de los dedos entumecidos y acorchados de sus manos tomaban conciencia de la humedad de la arena y del dolor de las heridas, pero tampoco lograban ningún movimiento. Preso aunque de momento inconsciente, no era más que un cuerpo inerte incapaz en ese instante de toda interacción con lo que le rodeaba. Cual pantalla de cine una sucesión de imágenes familiares fueron encendiéndose en su cabeza en orden cronológico desde un tiempo ya lejano hasta una foto fija de esa misma mañana en la que se había levantado como un resorte al sonar el despertador, con la intención de despachar con rapidez un encargo de última hora y disfrutar el resto del día con su pareja.

A escasos 30 metros, dos integrantes ya curtidos, del cuerpo de los Tedax caminaban despacio con sus cuarenta kilos de casco, traje y escudo antifragmentación rastreando palmo a palmo, a la búsqueda de cualquier dispositivo o restos de explosivos que diese una pista de la barbarie acaecida, antes de dar paso al equipo de rescate para un trabajo sin riesgos añadidos. Atrás quedaban los tiempos en los que se forjaron como uno de los equipos de artificieros de mayor prestigio internacional en los que tenían que lidiar con ETA, organización que cometía atentados de tipo muy técnico usando tecnología avanzada y artefactos bien diseñados para causar gran daño .
Tras deambular con precaución unos minutos en la zona "cero" Luisa señaló la ubicación donde desde el día anterior reposaban las calderas embaladas.
- ¿Qué demonios...?
- Sí, me recuerda mucho a...- respondió pensativo Julio. - De todas maneras se ha consumido todo. No ha quedado ni rastro. Podemos dar vía libre al equipo de rescate.
- De acuerdo...Sí aquí "Zona cero" para "Puesto de mando avanzado". La extracción es segura, repito, la extración es segura.

En segundos dos equipos de bomberos hicieron su aparición, así como miembros del equipo de protección civil con la unidad canina. Detrás de ellos el equipo médico desplegado tomaba posiciones para realizar el triaje.

A medida que la actividad se incrementaba, Julián recuperó la consciencia lleno de dolor, descubriendo para su impaciencia que una de sus piernas había quedado prisionera bajo una de las columnas, no siendo capaz de liberarla. Con ansiedad creciente y tras escupir lo que llevaba en la boca, desesperado empezó a gritar como un poseso:
-¡Socorroo...! ¡ Aquiiií....!

A medio metro, cubierto de arena de mortero, Rubén permanecía inmóvil.
26 de septiembre de 2018

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